      
A Las
manos de mi Madre
 Manos
las de mi madre, tan acariciadoras, tan de seda, tan de ella, blancas y
bienhechoras... ¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman, las
que todo prodigan y nada me reclaman! ¡Las que por aliviarme de dudas y
querellas me sacan las espinas y se las clavan ellas.
 Para
el ardor ingrato de recónditas penas, no hay como la frescura de esas dos
azucenas. ¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias son dos milagros
blancos apaciguando angustias! Y cuando del destino me acosan las maldades, son
dos alas de paz sobre mis tempestades...
 ¡Ellas
son las celeste; las milagrosas, ellas, porque hacen que en mi sombra me
florezcan estrellas! Para el dolor, caricias: para el pesar, unción: ¡son
las únicas manos que tienen corazón! (Rosal de rosas blancas de tersuras
eternas: aprended de blancuras en las manos maternas).
 Yo
que llevo en el alma las dudas escondidas, cuando tengo las alas de la ilusión
caídas, ¡las manos maternales aquí en mi pecho son como dos alas
quietas sobre mi corazón! ¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas! ¡Las
manos de mi madre perfuman con ternezas!
 ~
Alfredo Espino Ahuachapan ~ Poeta salvadoreño
 
Un
ángel
 Tantas
cosas bellas que hay a mi alrededor, pero sobre todas las cosas estas tú
como ángel de destello, que iluminó mi ser, que cambió toda mi vida con
su amor.
 Eres
tan hermosa que no se puede comparar todo lo hermoso que hay en su
interior.
 Eres
como un ángel de destello de luz, que más yo pedirle a la vida, si todo,
todo, me lo ha dado Dios.
 Te
doy hoy las gracias por ser aquel ángel que iluminó toda mi vida.
 ~
Enmanuel ~
 
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