Alfonsina Stormi![]()
La
Invitación Amable
Acércate, poeta;
mi alma es sobria,
de amor no entiende -del amor terreno-
su amor es mas
altivo y es mas bueno.
No pediré los besos de tus labios.
No beberé
en tu vaso de cristal,
el vaso es frágil y ama lo inmortal.
Acércate,
poeta sin recelos...
ofréndame la gracia de tus manos,
no habrá en mi
antojo pensamientos vanos.
¿Quieres ir a los bosques con un libro,
un
libro suave de belleza lleno?...
Leer podremos algún trozo ameno.
Pondré
en la voz la religión de tu alma,
religión de piedad y de armonía
que
hermana en todo con la cuita mía.
Te pediré me cuentes tus amores
y
alguna historia que por ser añeja
nos dé el perfume de una rosa vieja.
Yo
no diré nada de mi misma
porque no tengo flores perfumadas
que pudieran
así ser historiadas.
El cofre y una urna de mis sueños idos
no se ha
de abrir, cesando su letargo,
para mostrarte el contenido amargo.
Todo
lo haré buscando tu alegría
y seré para ti tan bondadosa
como el
perfume de la vieja rosa.
La invitación esta....sincera y noble.
¿Quieres
ser mi poeta buen amigo
y solo tu dolor partir conmigo?![]()
Tú
me quieres Blanca
Tú me quieres
alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre
todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada
Ni un rayo de luna
Filtrado
me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú
me quieres blanca,
Tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
Las
copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el
banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú
que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al
Estrago.
Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por
cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me
pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!
Huye
hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las
cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con
raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con
salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las
carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que
por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme
blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.![]()
Sabado
Me
levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores: bajé a los jardines
Y
besé las plantas
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
Tirada en la
grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
Circundan. Más tarde,
mojados de agua
Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
Con zumo oloroso
de diamelas. Garzas
Quisquillosas, finas,
De mi falda hurtaron doradas
migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
Que la misma gasa.
De un
salto ligero llevé hasta el vestíbulo
Mi sillón de paja.
Fijos en la
verja mis ojos quedaron,
Fijos en la verja.
El reloj me dijo: diez de la
mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
Comedor en sombra; manos
que aprestaban
Manteles.
Afuera, sol como no he visto
Sobre el mármol
blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos,
Fijos. Te
esperaba.![]()
Alma
Desnuda
Soy un alma desnuda en estos
versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos
dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una
violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento
vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en
una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a
cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil
dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida
regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al inviemo que
demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva
se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
Con que la primavera nos
envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar
distancia,
Y les dice libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de
una fragancia,
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a
poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo
bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega,
Alma
que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y
sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como
los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser
el buque en marcha de la estrella.![]()
Date
a Volar
Anda, date a volar, hazte una
abeja,
En el jardín florecen amapolas,
Y el néctar fino colma las
corolas;
Mañana el alma tuya estará vieja.
Anda, suelta a volar,
hazte paloma,
Recorre el bosque y picotea granos,
Come migajas en
distintas manos
La pulpa muerde de fragante poma.
Anda, date a volar,
sé golondrina,
Busca la playa de los soles de oro,
Gusta la primavera y
su tesoro,
La primavera es única y divina.
Mueres de sed: no he de
oprimirte tanto...
Anda, camina por el mundo, sabe;
Dispuesta sobre el mar
está tu nave:
Date a bogar hacia el mejor encanto.
Corre, camina más,
es poco aquéllo...
Aún quedan cosas que tu mano anhela,
Corre, camina,
gira, sube y vuela:
Gústalo todo porque todo es bello.
Echa a
volar... mi amor no te detiene,
¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
Llore
mi vida... el corazón se apene...
Date a volar, Amor, yo te comprendo.
Callada
el alma... el corazón partido,
Suelto tus alas... ve... pero te espero.
¿Cómo
traerás el corazón, viajero?
Tendré piedad de un corazón vencido.
Para
que tanta sed bebiendo cures
Hay numerosas sendas para tí...
Pero se hace
la noche; no te apures...
Todas traen a mí...![]()
Un
Sol
Mi corazón es como un dios sin
lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor
fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.
He amado hasta llorar,
hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún
amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.
Amor que fructifique mi
desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces
vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.
¿En dónde está quien
mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido
follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.
¿En dónde está el
espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con
su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.
¿En dónde está
el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo
y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.![]()
Frente
al Mar
Oh mar, enorme mar, corazón
fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre
palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera
tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui
dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".
Vulgaridad,
vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme
tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves
al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera
no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me
empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida
la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba
ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas
se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña,
miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable
empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu
fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí,
soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es
como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que
dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi
esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una
arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.![]()
Esta
Tarde
Ahora quiero amar algo
lejano...
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que
haya habido mujeres infinitas
Y sepa de otras tierras, y florezca
La
palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento...
Y
quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla
mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.
Siento
un vago rumor... Toda la tierra
Está cantando dulcemente... Lejos
Los
bosques se han cargado de corolas,
Desbordan los arroyos de sus cauces
Y
las aguas se filtran en la tierra
Así como mis ojos en los ojos
Que estoy
sonañdo embelesada...
Pero
Ya está bajando el sol de los montes,
Las
aves se acurrucan en sus nidos,
La tarde ha de morir y él está lejos...
Lejos
como este sol que para nunca
Se marcha y me abandona, con las manos
Hundidas
en las trenzas, con la boca
Húmeda y temblorosa, con el alma
Sutilizada,
ardida en la esperanza
De este amor infinito que me vuelve
Dulce y
hermosa...![]()
Duerme
Tranquilo
Dijiste la palabra que
enamora
A mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar
sereno
Y hermoso el rostro tuyo a toda hora.
Cuando encanta la boca
seductora
Debe ser fresca, su decir ameno;
Para tu oficio de amador no es
bueno
El rostro ardido del que mucho llora.
Te reclaman destinos más
gloriosos
Que el de llevar, entre los negros pozos
De las ojeras, la
mirada en duelo.
¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al
mundo hizo la espada fatua
De algún bárbaro rey Y tiene estatua.![]()
Dolor
Quisiera
esta tarde divina de octubre
Pasear por la orilla lejana del mar;
Oue
la arena de oro, y las aguas verdes,
Y los cielos puros me vieran pasar.
Ser
alta, soberbia, perfecta, quisiera,
Como una romana, para concordar
Con
las grandes olas, y las rocas muertas
Y las anchas playas que ciñen el mar.
Con
el paso lento, y los ojos fríos
Y la boca muda, dejarme llevar;
Ver cómo
se rompen las olas azules
Contra los granitos y no parpadear
Ver cómo
las aves rapaces se comen
Los peces pequeños y no despertar;
Pensar
que pudieran las frágiles barcas
Hundirse en las aguas y no suspirar;
Ver
que se adelanta, la garganta al aire,
El hombre más bello; no desear amar...
Perder
la mirada, distraídamente,
Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;
Y,
figura erguida, entre cielo y playa,
Sentirme el olvido perenne del mar.![]()
Carta
Lirica a otra Mujer
Vuestro nombre no
sé, ni vuestro rostro
Conozco yo, y os imagino blanca,
Débil como los
brotes iniciales,
Pequeña, dulce... Ya ni sé... Divina.
En vuestros ojos
placidez de lago
Que se abandona al sol y dulcemente
Le absorbe su oro
mientras todo calla.
Y vuestras manos, finas, como aqueste
Dolor, el mío,
que se alarga, alarga,
Y luego se me muere y se concluye
Así, como lo
veis; en algún verso.
Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca
Tenéis un
rumoroso colmenero.
Si las orejas vuestras son a modo
De pétalos de rosas
ahuecados...
Decidme si lloráis, humildemente.
Mirando las estrellas tan
lejanas.
Y si en las manos tibias se os aduermen
Palomas blancas y
canarios de oro.
Porque todo eso y más, vos sois, sin duda:
Vos, que tenéis
el hombre que adoraba
Entre las manos dulces, vos la bella
Que habéis
matado, sin saberlo acaso,
Toda esperanza en mí... Vos, su criatura.
Porque
él es todo vuestro: cuerpo y alma
Estáis gustando del amor secreto
Que
guardé silencioso... Dios lo sabe
Por qué, que yo no alcanzo a penetrarlo.
Os
lo confieso que una vez estuvo
Tan cerca de mi brazo, que a extenderlo
Acaso
mía aquélla dicha vuestra
Me fuera ahora... ¡sí! acaso mía...
Mas
ved, estaba el alma tan gastada
Que el brazo mío no alcanzó a extenderse:
La
sed divina, contenida entonces,
Me pulió el alma... ¡Y él ha sido vuestro!
¿Comprendéis
bien? Ahora, en vuestros brazos
El se adormece y le decís palabras
Pequeñas
y menudas que semejan
Pétalos volanderos y muy blancos.
Acaso un niño
rubio vendrá luego
A copiar en los ojos inocentes
Los ojos vuestros y los
de él
Unidos en un espejo azul y cristalino...
¡Oh, ceñidle la frente!
¡Era tan amplia!
¡Arrancaban tan firmes los cabellos
A grandes ondas,
que a tenerla cerca
No hiciera yo otra cosa que ceñirla!
Luego dejad que
en vuestras manos vaguen
Los labios suyos; él me dijo un día
Que nada
era tan dulce al alma suya
Como besar las femeninas manos...
Y acaso,
alguna vez, yo, la que anduve
Vagando por afuera de la vida,
-Como
aquellos filósofos mendigos
Que van a las ventanas señoriales
A mirar
sin envidia toda fiesta-
Me allegue humildemente a vuestro lado
Y con
palabras quedas, susurrantes,
Os pida vuestras manos un momento,
Para
besarlas, yo, como él las besa...
Y al recubrirlas, lenta, lentamente,
Vaya
pensando: aquí se aposentaron
¿Cuánto tiempo?, sus labios, ¿cuánto
tiempo
En las divinas manos que son suyas?
¡Oh, qué amargo deleite, este
deleite
De buscar huellas suyas y seguirlas
Sobre las manos vuestras tan
sedosas,
Tan finas, con sus venas tan azules!
Oh, que nada podría, ni ser
suya,
Ni dominarle el alma, ni tenerlo
Rendido aquí a mis pies,
recompensarme
Este horrible deleite de hacer mío
Un inefable, apasionado
rastro.
Y allí en vos misma, sí, pues sois barrera,
Barrera ardiente,
viva, que al tocarla
Ya me remueve este cansancio amargo,
Este silencio de
alma en que me escudo,
Este dolor mortal en que me abismo,
Esta
inmovilidad del sentimiento
¡Que sólo salta, bruscamente, cuando
Nada es
posible!![]()
Versos
Otoñales
Al mirar mis mejillas, que
ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han
llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras
caen las hojas...
¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en
plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión
leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas
Ya me siento
invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone
manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del
cielo.
Y lloro lentamente, con un dolor maldito...
con un dolor que
pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y
el borroso misterio cargado de infinito!
¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo
esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata,
pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?
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