El
dulce Milagro ¿Que es esto? ¡Prodigio!
Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen. Mi amante besóme
las manos, y en ellas, ¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y
voy por la senda voceando el encanto y de dicha alterno sonrisa con llanto y
bajo el milagro de mi encantamiento se aroman de rosas las alas del viento.
Y
murmura al verme la gente que pasa: "¿No veis que está loca? Tornadla
a su casa. ¡Dice que en las manos le han nacido rosas y las va agitando
como mariposas!"
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende un
milagro de éstos y que sólo entiende Que no nacen rosas más que en los
rosales y que no hay más trigo que el de los trigales!
Que requiere líneas
y color y forma, y que sólo admite realidad por norma. Que cuando uno
dice: "Voy con la dulzura", de inmediato buscan a la criatura.
Que
me digan loca, que en celda me encierren que con siete llaves la puerta me
cierren, que junto a la puerta pongan un lebrel, carcelero rudo carcelero
fiel.
Cantaré lo mismo: "Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas
a mis dedos crecen". ¡Y toda mi celda tendrá la fragancia de un
inmenso ramo de rosas de Francia!
Noche
de Lluvia
Llueve...Espera, no
duermas, estáte atento a lo que dice el viento y a lo que dice el agua
que golpea con sus dedos menudos en los vidrios.
¡Cómo estará
de alegre el trigo ondeante! ¡Con qué avidez se esponjará la hierba! ¡Cuántos
diamantes colgarán ahora del ramaje profundo de los pinos!
Espera,
no te duermas. Escuchemos el ritmo de la lluvia. Apoya entre mis senos tu
frente taciturna. Yo sentiré el latir de tus dos sienes palpitantes y
tibias, como si fueran dos martillos vivos que golpearan mi carne.
Espera,
no te duermas. Esta noche somos los dos un mundo, aislado por el viento y
por la lluvia entre la cuenca tibia de una alcoba.
Espera, no te
duermas. Esta noche somos acaso la raíz suprema de donde debe germinar mañana el
tronco bello de una raza nueva
Como
la Primavera
Como una ala negra tendí
mis cabellos sobre tus rodillas. Cerrando los ojos su olor aspiraste, diciéndome
luego: -¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos? ¿Con ramas de sauces
te atas las trenzas? ¿ Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras porque
acaso en ella exprimiste un zumo retinto y espeso de moras silvestres? ¡Qué
fresca y extraña fragancia te envuelve! Hueles a arroyuelos, a tierra y a
selvas. ¿Que perfume usas? Y riendo te dije: -¡Ninguno, ninguno! Te
amo y soy joven, huelo a primavera. Este olor que sientes es de carne firme, de
mejillas claras y de sangre nueva. ¡Te quiero y soy joven, por eso es que
tengo las mismas fragancias de la primavera!
La
Hora
Tómame ahora que aún es
temprano y que llevo dalias nuevas en la mano. Tómame ahora que aún es
sombría esta taciturna cabellera mía.
Ahora , que tengo la
carne olorosa, y los ojos limpios y la piel de rosa. Ahora que calza mi
planta ligera la sandalia viva de la primavera
Ahora que en mis
labios repica la risa como una campana sacudida a prisa. Después...¡oh,
yo sé que nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil
será tu deseo como ofrenda puesta sobre un mausoleo. ¡Tómame ahora que
aún es temprano y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más
tarde. Antes que anochezca y se vuelva mustia la corola fresca. hoy, y no
mañana. Oh amante, ¿no ves que la enredadera crecerá ciprés?
Bajo
la lluvia
¡Cómo resbala el agua por
mi espalda! ¡Cómo moja mi falda, y pone en mis mejillas su frescura de
nieve! Llueve, llueve, llueve, y voy, senda adelante, con el alma
ligera y la cara radiante, sin sentir, sin soñar, llena de la
voluptuosidad de no pensar.
Un pájaro se baña en una charca turbia.
Mi presencia le extraña, se detiene... me mira... nos sentimos amigos... ¡Los
dos amamos muchos cielos, campos y trigos! Después es el asombro de un
labriego que pasa con su azada al hombro y la lluvia me cubre de todas las
fragancias de los setos de octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua
empapado, como un maravilloso y estupendo tocado de gotas cristalinas, de
flores deshojadas que vuelcan a mi paso las plantas asombradas. Y siento,
en la vacuidad del cerebro sin sueño, la voluptuosidad del placer
infinito, dulce y desconocido, de un minuto de olvido. Llueve, llueve,
llueve, y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.
Despecho
¡Ah,
qué estoy cansada! Me he reído tanto, tanto, que a mis ojos ha asomado el
llanto; tanto, que este rictus que contrae mi boca es un rastro extraño
de mi risa loca.
Tanto, que esta intensa palidez que tengo (como en
los retratos de viejo abolengo) es por la fatiga de la loca risa que en
todo mi cuerpo su sopor desliza.
¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que
duerma; pues, como la angustia, la alegría enferma. ¡Qué rara
ocurrencia decir que estoy triste! ¿Cuándo más alegre que ahora me viste?
¡Mentira!
No tengo ni dudas, ni celos, Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni
anhelos, Si brilla en mis ojos la humedad del llanto, es por el esfuerzo
de reírme tanto...
Te
doy mi alma desnuda
Te doy mi alma
desnuda, como estatua a la cual ningún cendal escuda.
Desnuda con el
puro impudor de un fruto, de una estrella o una flor; de todas esas cosas
que tienen la infinita serenidad de Eva antes de ser maldita.
De todas
esas cosas, frutos, astros y rosas, que no sienten vergüenza del sexo sin
celajes y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
Sin velos, como
el cuerpo de una diosa serena ¡que tuviera una intensa blancura de azucena!
Desnuda,
y toda abierta de par en par ¡por el ansia del amar!
La
Higuera
Porque es áspera y fea, porque
todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera.
En mi
quinta hay cien árboles bellos: ciruelos redondos, limoneros rectos y
naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras, todos ellos se cubren
de flores en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste con
sus gajos torcidos que nunca de apretados capullos se visten...
Por
eso, cada vez que yo paso a su lado, digo, procurando hacer dulce y
alegre mi acento: -Es la higuera el más bello de los árboles en el
huerto.
Si ella escucha, si comprende el idioma en que hablo, ¡qué
dulzura tan honda hará nido en su alma sensible de árbol!
Y tal vez
a la noche, cuando el viento abanique su copa, embriagada de gozo, le
cuente: -Hoy a mi me dijeron hermosa.
La
promesa
¡Todo el oro del mundo parecía diluido
en la tarde luminosa! Apenas un crepúsculo de rosa, la copa de los árboles
teñía.
Un imprevisto amor, mi mano unía a tu mano, morena y
temblorosa. ¡Éramos Booz y Ruth ante la hermosa era que circundaba la
alquería!
"¿Me amarás?", murmuraste. Lenta y grave vibró
en mis labios la promesa suave de la dulce, la amante moabita.
Y fue
como un ¡Amén! en ese instante el toque de oración que alzó vibrante la
rítmica campana de la ermita.
Vida-Garfio
Amante:
no me lleves, si muero al camposanto A flor de tierra abre mi fosa, junto al
riente alboroto divino de alguna pajarera o junto a la encantada charla de
alguna fuente
A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra, donde el
sol me caliente los huesos, y mis ojos, alargados en tallos, suban a ver de
nuevo la lámpara salvaje de los ocasos rojos.
A flor de tierra,
amante. Que el tránsito así sea más breve. Yo presiento la lucha de mi
carne por volver hacia arriba, por sentir en sus átomos la frescura del
viento.
Yo se que acaso nunca allá abajo mis manos podrán estarse
quietas. Que siempre como topos arañarán la tierra en medio de las
sombras estrujadas y prietas.
Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen en
la greda amarilla de mis huesos menguados. ¡Por la parda escalera de las raíces
vivas Yo subiré a mirarte en los lirios morados.
Supremo
triunfo
Estoy ahora impregnada toda
yo de dulzura. Desde que me besaste, toda yo soy amor. Y en la vida y la
muerte, en lecho y sepultura, ya no seré otra cosa que amor, amor, amor....
En
la carne y el alma, en la sombra y los huesos, ya no tendré más nunca otro
olor y sabor, que el sabor y el perfume que he absorbido a tus besos; me
has dado una fragancia, tersa y viva, de flor.
Hasta el último átomo
de mi piel es aroma, ¡oh mortal podredumbre, te he vencido talvez! Eres
mi hermano , ¡Oh lirio! Eres mi hermana ¡oh poma! Desde que él me besara,
rosa mi cuerpo es.
Cual
la mujer de Lot
Un perfume de amor me
acompañaba. Volvía hacia la aldea de la cita, bajo la paz suprema e
infinita que el ocaso en el campo destilaba.
En mis labios
ardientes aleteaba la caricia final, pura y bendita, y era como una alegre
Sulamita que a su lar, entre trigos regresaba.
Y al llegar a un
recodo del camino tras el cual queda oculto ya el molino, el puente y la
represa bullidora,
volví atrás la cabeza un breve instante, y
bajo el tilo en flor, ¡vi a mi amante que besaba en la sien a una pastora!
~*~
Instrucciones para enviar Poemas ~*~
|