Varios Poetas

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... Llegaste Tu

Autor Desconocido

Cuando yo creía que la magia
de mi vida había acabado,
sumergida en la rutina de mis días
sin quererlo te he buscado.

Y sin quererlo te he encontrado,
radiante de luz, emanando ternura,
descubriendo anhelos olvidados,
y regalando sorbos de locura.

Y llegaste tú a mi vida
cómo una ráfaga de viento
o cómo un relámpago de fuego
a refrescar y encender un alma niña.

Y llegaste tu . . .
a darle sentido a mis poesías,
a llenar mis noches de desvelo,
y alborotar mis sueño con fantasías.

Y llegaste tu . . .
a retroceder el tiempo,
a regar semillas de ilusiones
y de los mas hermosos sentimientos.

Sí . . .llegaste tu a mi lado
y no te dejaré marchar
sin antes cosechar
lo que juntos hemos sembrado.















El Seminarista de los Ojos Negros

Desde la ventana de un casucho viejo
abierto en verano, cerrado en invierno 
por vidrios verdosos y plumos espesos
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
El, sólo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasas gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: “¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
Sólo, sólo faltaba entre ellos...
El seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
Y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...

















Sola en mi Noche

Atiende por piedad, a este, mi ruego
Escucha por favor, esta llamada
Hoy se trata de mí, ¡te necesito!
Ayúdame a pasar la madrugada

Yo sé que hay en el cielo un Dios muy grande
Que sabe que te amo, que te extraño
Y hoy me ha concedido ser etérea
Para pasar la noche entre tus brazos

Hoy no te pido ni pasión ni besos
Ni tampoco una noche de locura
¿Podrás no responder a tus instintos
Y darme sólo amor, sólo ternura?

Sabrás que estoy allí por mi perfume
Sentirás mis palabras y mis manos
Y una débil luz azul que se consume
Al llegar junto a ti, desconocido amado.

¿Dime mi amor, no sientes mi presencia?
¿No sientes mi calor en tu costado?
¿Percibes la alegría de mis besos?
¿No escuchas de mi alma su llamado?

Yo sé que estoy contigo, lo adivino
No tengo ya temor, la noche acaba
Y espero entre tus brazos, ya sin dudas
La vida, la esperanza, otra mañana
















El Llanto de una Rosa

Dime por que lloras
cuando eres hermosa
le dije a una rosa
y me contestó:

Lloro por la ausencia
de mi jardinero
que es al que yo quiero
y me abandonó...

Tenía lindos colores,
y un perfume embriagador
y como no la regaron...
¡Se marchito la flor!
















La Fiera 

Al acercarse las sombras de la noche
en esta inútil y terrible espera
viene hasta mí, esa que tu conoces
la que he dado en llamar esa....Mi Fiera. 

Sale despacio, sigilosa,
con sutil encanto se enreda en mis caderas
me habla, me reclama, me tortura
me mira con sus ojos de pantera. 

Siento como mi sangre se dilata
siento un río de lava por mis venas
muerde, araña, grita, aúlla,
dentro de mí, como volcán... Mi Fiera. 

Y sumerjo mi cuerpo en agua helada
en postrero intento de apagar la hoguera
y descubro que es fallido, que no puedo
ahogar, aniquilar a ésta...Mi Fiera. 

¿Será que puedo, con mi mente
dominar a este animal que me encadena?
Es inútil, no puedo no lo logro,
se alimenta de mis sueños y quimeras. 

Al acercarse las sombras de la noche
si pudiera pedir, lo que pidiera,
es que vengas hasta mi y que domines
con tu látigo de fuego a esta...Mi Fiera.
















Pilar

José Martí

Hay sol bueno y mar de espuma,
Y arena fina, y Pilar
Quiere salir a estrenar
Su sombrerito de pluma. 

-"¡Vaya la niña divina!"
Dice el padre, y le da un beso:
-"¡Vaya mi pájaro preso
A buscarme arena fina!" 

-"Yo voy con mi niña hermosa",
Le dijo la madre buena:
"¡No te manches en la arena
Los zapaticos de rosa!" 

Fueron las dos al jardín
Por la calle del laurel:
La madre cogió un clavel
Y Pilar cogió un jazmín. 

Ella va de todo juego,
Con aro, y balde y paleta:
El balde es color violeta:
El aro es color de fuego. 

Vienen a verlas pasar:
Nadie quiere verlas ir:
La madre se echa a reír,
Y un viejo se echa a llorar. 

El aire fresco despeina A Pilar,
que viene y va Muy oronda:
"¡Di, mamá!
¿Tú sabes qué cosa es reina?" 

Y por si vuelven de noche
De la orilla de la mar,
Para la madre y Pilar
Manda luego el padre el coche. 

Está la playa muy linda:
Todo el mundo está en la playa:
Lleva espejuelos el aya
De la francesa Florinda. 

Está Alberto, el militar
Que salió en la procesión
Con tricornio y con bastón,
Echando un bote a la mar. 

¡Y qué mala, Magdalena,
Con tantas cintas y lazos,
A la muñeca sin brazos
Enterrándola en la arena! 

Conversan allá en las sillas,
Sentadas con los señores,
Las señoras, como flores,
Debajo de las sombrillas. 

Pero está con estos modos
Tan serios, muy triste el mar:
¡Lo alegre es allá, al doblar,
En la barranca de todos! 

Dicen que suenan las olas
Mejor allá en la barranca,
Y que la arena es muy blanca
Donde están las niñas solas. 

Pilar corre a su mamá:
-"¡Mamá, yo voy a ser buena:
Déjame ir sola a la arena:
Allá, tú me ves, allá." 

-"¡Esta niña caprichosa!
No hay tarde que no me enojes:
Anda, pero no te mojes
los zapaticos de rosa." 

Le llega a los pies la espuma:
Gritan alegres las dos:
Y se va, diciendo adiós,
La del sombrero de pluma. 

¡Se va allá, donde ¡muy lejos!
Las aguas son más salobres,
Donde se sientan los pobres,
Donde se sientan los viejos! 

Se fue la niña a jugar,
La espuma blanca bajó,
Y pasó el tiempo, y pasó
Un águila por el mar. 

Y cuando el sol se ponía
Detrás de un monte dorado,
Un sombrerito callado
Por las arenas venía. 

Trabaja mucho, trabaja
Para andar: ¿qué es lo que tiene
Pilar, que anda así, que viene
Con la cabecita baja'? 

Bien sabe la madre hermosa
Por qué le cuesta el andar;
-"¿ Y los zapatos, Pilar,
Los zapaticos de rosa? 

-"¡Ah, loca! ¿en dónde estarán?
¡Di, dónde, Pilar!" -
"Señora" Dice una mujer que llora:
¡Están conmigo: aquí están! 

-"Yo tengo una niña enferma
Que llora en el cuarto oscuro,
Y la traigo al aire puro
A ver el sol, y a que duerma. 

"Anoche soñó, soñó
Con el cielo, y oyó un canto:
Me dio miedo, me dio espanto,
Y la traje, y se durmió. 

"Con sus dos brazos menudos
Estaba como abrazando;
Y yo mirando, mirando
Sus piececitos desnudos. 

"Me llegó al cuerpo la espuma,
Alcé los ojos, y vi
Esta niña frente a mí
Con su sombrero de pluma. 

-"¡Se parece a los retratos
Tu niña!" dijo: "¿Es de cera?
¿Quiere jugar? ¡Si quisiera!...
¿Y por qué está sin zapatos? 

"Mira: ¡la mano le abrasa,
Y tiene los pies tan fríos!
¡Oh, toma, toma los míos;
Yo tengo más en mi casa!" 

"No sé bien, señora hermosa,
Lo que sucedió después:
¡Le vi a mi hijita en los pies
Los zapaticos de rosa!" 

Se vio sacar los pañuelos
A una rusa y a una inglesa;
EI aya de la francesa
Se quitó los espejuelos. 

Abrió la madre los brazos:
Se echó Pilar en su pecho,
Y sacó el traje deshecho,
Sin adornos y sin lazos. 

Todo lo quiere saber
De la enferma la señora:
¡No quiere saber que llora
De pobreza una mujer! 

-"¡Sí, Pilar, dáselo! 
¡Y eso también! ¡Tu manta! ¡Tu anillo!"
Y ella le dio su bolsillo:
Le dio el clavel, le dio un beso.

Vuelven calladas de noche
A su casa del jardín:
Y Pilar va en el cojín
De la derecha del coche. 

Y dice una mariposa
Que vio desde su rosal
Guardados en un cristal
Los zapaticos de rosa.











Te extraño

Armando Manzanero

Como se extrañan las noches sin estrellas
Como se extrañan las mañanas bellas
No estar contigo, por Dios que me hace daño

Te extraño
Cuando camino, cuando lloro, cuando río
Cuando el sol brilla, cuando hace mucho frío
Porque te siento como algo muy mío

Te extraño
Como los árboles extrañan el otoño
En esas noches que no concilio el sueño
No te imaginas amor, cómo te extraño

Te extraño
En cada paso que siento solitario
Cada momento que estoy viviendo a diario
Estoy muriendo amor porque te extraño

Te extraño
Cuando la aurora comienza a dar colores
Con tus virtudes, con todos tus errores
Por lo que quieras no sé, pero te extraño

Te extraño, te extraño. 

















Pedazos de Corazón

Autor Desconocido

Dices que el corazón.....andas dejando a pedazos
en cada prosa que lees.....en cada poema que haces.....
Pues yo lo iré recogiendo, para unirlo con el mío
y te lo entregaré completo en la orilla de algún rió.....
Ahí lo pondré a tus pies, también con el mío enlazado
como dos almas gemelas, que ya antes se han amado.....
En las aguas cristalinas que arrullaran nuestro encuentro
tal vez busque del amor, su mas precioso momento.....
Y si en tus ojos yo veo, la nostalgia de un recuerdo
te abrazare bien a mi.....y en tu cuerpo yo me pierdo!.....
Y que me digan después.....que soy cruel o que estoy loco
valdrá el haber sorbido la miel.....de tus labios poco a poco.....
Y cuando pasen los años y en tu jardín brote una flor
te acordaras de aquel día.


Un amigo es un hombro suave donde puedas llorar
un pozo donde puedas derramar todos tus problemas
y que este eleve tu espíritu en alto
una mano amiga que te ayude a levantarte
de la obscuridad y la desesperación y las dudas
cuando todos los demás que dicen ser tu amigos
han sido la causa de tu situación
un amigo verdadero es tu aliado
que no se cambia ni se vende
una voz que mantiene tu nombre vivo
cuando otros te olvidan pero mas que todo
un amigo es uno que tiene el corazón como una pared
de ahí viene el mas grande amor de todos. 

















Me gustas cuando callas

Pablo Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. 

















Balada Catalana

V. Balquer

Rugiente Pasión Ardía
en el alma del docel;
fuera de ella nada había
en el mundo para el.

- Lo que tu capricho cuadre
- dijo a su amada -- lo haré,
si las joyas de mi madre
me pides, te las daré!

Y ella, infame como hermosa,
dijo en horrible fricción:
-  Sus joyas? Son Poca cosa!
Yo quiero su Corazón!

En fuego impuro el ardiendo
hacia su madre corrió
y al punto su pecho abriendo
el corazón le arranco.

Tan presuroso volvía
la horrible ofrenda a llevar,
que, tropezando en la vía,
fue por el suelo a rodar.

Y broto un acento blando
del corazón maternal
al ingrato preguntando:
- Hijo, ... No te has hecho mal? 

















La Inquietud del rosal

Alfonsina Stormi

El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la sabia que alimenta su ser.
Fijaos en las rosas que caen del rosa:
tantas son que la planta
morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente

















Ladrona

Alfonsina Stormi

Me llegare al jardín donde reposas,
me bañare en tu estanque
y robare tus rosas.

Mi cuerpo echará lirios cuando arranque,
en tanto que reposas,
todas tus rosas.

Cuando ladrona, trepe por los hierros
huyendo del jardín, suelta tus perros.

En mis brazos tus rosas,
desgárrenme las carnes temblorosas
tu blancos perros
cabe tus hierros. 

















La Quimera

Alfonsina Stormi

Como los niños iba hacia oriente, creyendo
que con mis propias manos podría el sol tocar;
como los niños iba, por la tierra redonda,
persiguiendo allá lejos, la quimera solar.


Estaba a igual distancia del oriente de oro
por mas que siempre andaba y que volvía andar;
hice como los niños: viendo inútil la marcha
cogí las flores del suelo y me puse a jugar.

















Soneto

Francisco L. Bernardez

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado;

Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido..

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido...
vive de lo que tiene sepultado. 

















Siempre Tu...

Jorge Robledo Ortiz

Entre el mínimo incendio de la rosa
y la máxima ausencia del lucero,
se quedó tu recuerdo prisionero
viviendo en cada ser y en cada cosa.

Te recuerdo en la cita milagrosa
que se dan la mañana y el jilguero,
y en el aire, traslúcido tablero
donde escribe en color la mariposa.

Todo me habla de tí. Sobre la brisa
persiste la nostalgia de tu risa
como una dulce música remota.

En los labios tu nombre me florece,
y al saberte lejana me parece
que me bebo tu ausencia gota a gota.

















Amor Callado

Miguel A. Peguero


Amor callado que jamás se queja;
amor que, en la discreta madrugada,
sólo acierta a poner, junto a tu reja,
la ilusión de una estrofa perfumada.

Amor de un alma taciturna y vieja;
amor que es como música olvidada,
que tiene azul resignación de oveja,
que lo da todo y que no pide nada.

Amor es eso, amar como te amo,
sin medir tu desdén, sin que un reclamo
haga que el alma de esperanza estalle.

Amor que sin arrebatos y sin ruido
que espera que tu hogar esté dormido...
para pasar entonces por tu calle.

















Cien sonetos de amor

XLV (No estés lejos... )
Pablo Neruda

No estés lejos de mi un solo día,
porque como, porque,  no se decirlo, es largo el día,
y estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas de desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aun mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo. 

















La Dulce Visión

Alfonsina Stormi

Donde estará lo que persigo ciega?
_Jardines encantados,  mundos de oro-
Todo lo que me cerca es incoloro,
hay otra vida.  Allí, como se llega?

Un perfume divino el alma anega:
Olor de estrellas, un Rosado coro.
De dianas fugitivas; el esporo
Viviente aun de la delicia griega

Donde estará ese mundo que persigo?
El sueño voluptuoso va conmigo.
Y me ciñan las rosas de su brazo.

Y mientras danzo sobre el césped fino.
Fuera del alma acecha mi destino.
Y la gran cazadora mueve el lazo. 

















Si Quieres...

Alfonsina Stormi

Si quieres besarme...besa,
- yo comparto tus antojos -
mas no hagas mi boca presa,
¡ bésame quedo en los ojos.!
No me hables de los hechizos
de tus besos en el cuello...
Están celosos mis rizos.
¡ Acaríciame el cabello.!
Para ti mimo oportuno,
si tus ojos son palabras,
me darán, uno por uno,
los pensamientos que labras.

Pon tu mano entre las mías,
temblarán como un canario
y oiremos las sinfonías
de algún amor milenario.

Ésta es una noche muerta
bajo el techumbre astral.
Está callada la huerta
como en un sueño letal.

Tiene un matiz de alabastro
y un misterio de pagoda.
¡ Mira la luz de aquel astro !
¡ La tengo en el alma toda.!

Silencio...silencio...¡ Calla !
Hasta el agua corre apena,
bajo su verde pantalla
se aquieta cabe la arena.
    
¡ Oh ! ¡ Qué perfume tan fino.!
¡ No beses mis labios rojos !
En la noche de platino
bésame quedo en los ojos....

















La Sombra Era Yo

Ernesto Montaner

Te ví pasar con los cabellos grises
del brazo de una niña que sé que era tu nieta,
y no quise fijarte la mirada indiscreta
conque se mira un cuadro tan lleno de matices.

Ya no eras tú. La de los días felices
que franqueabas el paso de una alcoba secreta
para sembrar con besos la vida de un poeta
pensando que en el surco quedaban las raíces.

Ya no eras tú. Cruzastes por mi lado
y contemplé las ruinas de todo aquel pasado
como el que vé la sombra de alguien que ya murió.

Te ví pasar. No me reconociste.
Apresuré mis pasos y me sentí muy triste...
al ver, entre las ruinas, que la sombra era yo.! 

















Pequeño Nocturno

Osvaldo Bazil

Ella, la que yo hubiera amado tanto,
la que hechizó de música mi alma,
la que más blando susurrar de égloga
derramó en el azul de mis mañanas,
me dice con ternura que la olvide,
que la olvide sin odios y sin lágrimas.

Ella, la que me ha dado más ensueños
y más noches amargas,
se aleja dulcemente,
como una vela blanca.

Yo, que llevo enterrados tantos sueños,
que cuento tantas tumbas en el alma,
no sé por qué sollozo y por qué tiemblo
al cavar una más en mis entrañas.! 

















Para que tu me oigas

Pablo Neruda

Para que tú me oigas,
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel ebrio
para tus manos suave como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.

Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.

Eres tú la culpable de este juego sangriento.

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú me oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.

Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.

















Soneto de Amor

Pablo Neruda

Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,
espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,
¿ qué oscura claridad se abre entre tus columnas ?
¿ Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos.?

Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas,
con aire ahogado y bruscas tempestades de harina:
amar es un combate de relámpagos
y dos cuerpos por una sola miel derrotados.

Beso a beso recorro tu pequeño infinito,
tus imágenes, tus ríos, tus pueblos diminutos,
y el fuego genital transformado en delicia

corre por los delgados caminos de la sangre
hasta precipitarse como un clavel nocturno,
hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.






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