Para
Qué...
Y, ¿para qué las creencias, el saber tantas cosas y el pasar tantos días y
noches con las doctas frentes sobre los libros inclinadas, mientras
afuera, en explosión divina, la visa estalla múltiple, frenética, en
los vibrantes pechos y en las bocas?
¡Oh!, ¿para qué las ciencias y
el dejar marchitarse las magnolias de juventud en los jardines cálidos, si
ha de llegar la hora en que dejemos los sedosos lechos por la aspereza de
una horrible alcoba?
    
Músicas
OtoñalesPor
los prados celestes va la luna de enero, igual a una pastora, con su túnica
blanca. La ciudad se ha dormido y ya apenas se escuchan de las brisas
errantes las líricas palabras.
Las estrellas se miran sobre el lago
dormido, cual pálidos nenúfares en las azules aguas, y, en la nocturna
paz, mi corazón se llena de recuerdos floridos y visiones románticas,
De
sueños imposibles y todas esas cosas que llevan los poetas en el fondo del
alma, y que surgen de pronto con aquellos perfumes de las rosas difuntas y
las novias lejanas.
Desde que tú partiste parece que los lirios no
vierten la fragancia que aromaba mi huerto. La misma voz del piano suspira
saudadosa porque no vibra al dulce contacto con tus dedos.
Todo me
habla de ti, tu clave, tus jazmines, el ritmo de las brisas, mi corazón de
huérfano, y ese sutil perfume que en el salón dejaron las rosas de tu núbil
carne de terciopelo.
Aunque tanto me hirieron, tus pupilas gloriosas son
los únicos astros de mis noches de invierno: que mi alma es un paisaje
dormido en la penumbra y solamente se abre al sol de tu recuerdo...
Estás
lejos de mí, pero vives en mi alma con la íntima y amada vida de los
recuerdos, y, nimbada de rosas, en mis sueños te miro como se ve a los
astros, dulcemente... y de lejos...
Quizás nunca regreses, o cuando tú
retornes, mi corazón, inmóvil, duerma su último sueño, el que velan
los sauces como madres llorosas y las lunas doradas sobre los cementerios...
Pero
hasta que se apaguen las húmedas pupilas de este loco muchacho que te dice
sus versos, rimarán en tu gloria sus más dulces canciones los líricos
bulbules que cantan en mi huerto.
    
Quien
te Puso en mi VidaQuien
te puso en mi vida, rosa y lirio de nieve, ha dado a mis senderos estrella y
melodía; yo, a cambio de esos dones, bajo tu planta leve, regaré los
diamantes de mi melancolía.
La perfumada seda de tu corta peluca zahuma
las estancias de un olor a violeta; un éxtasis de rosas se deshoja en tu
nuca y los astros se duermen en tus pupilas quietas.
Cuanto besa la
lumbre de esas bellas pupilas florece como al toque de una varilla de
hadas... rosa y lirio de nieve, por mis horas tranquilas pasas con el
encanto de la luna dorada.
    
Romanza
del Amor SilenciosoEste
amor imposible es como viva llama en que mi corazón huérfano se consume. Mi
alma es un exquisito y dulce pentagrama donde la excelsa música de tu amor
se resume.
¡Ah! Si tú conocieras mis noches desveladas, la hiel
amarga todas las horas de mi vida, trocaras el allegro de aquellas carcajadas en
un largo y sollozo por la esperanza huida.
Tu amor es Lacoonte, es dolor
infinito, se retuerce y no gime, está mudo, no llora... yo disfrazo en
mis cantos el angustioso grito y en mi tiniebla enciendo la artificial
aurora.
Mi amor no pide nada: para inmortalizarte basta que mis
estrofas, cual mariposas de oro, en el azul sereno de los cielos del arte, escriban
en su vuelo ese nombre que adoro.
Mi amor es como un niño que en la
noche siniestra de algún bosque, queriendo sollozar, no se atreve. Porqué
está lejos sueño con la divina siniestra -cincopétala rosa, cara al lirio
de nieve.
Y tú jamás sabrás de esta pasión volcánica, muda como
una tumba. en un celeste ocaso, por mi existencia cruzas, emperatriz tiránica, sin
saber que mi espíritu agoniza a tu paso.
    
El
TiempoI ¡Oh,
deidad impasible por quien blasfemo y oro: tu alma es como un palacio de mármol,
bello y frío, con plafones de cedros y altivas puertas de oro, solemne y
armonioso como un templo vacío.
En diáfanos ponientes hay la gracia de
un vuelo de leves sedas blancas, de cisnes y palomas; y, entre las
columnatas, elevan hasta el cielo sus espiras sensuales humaredas de aromas.
La
luz de un sol eterno, que sólo igualaría el tibio resplandor que velan tus
pestañas, su claridad celeste difunde noche y día...
A las puertas
de tu alma mi amor está llamando... el eco de tu voz se pierde en las montañas y,
cual si comprendiera, el sol de va ocultando.
II Llamé a tu corazón...,
y no me ha respondido... pedí a drogas fatales sus mentiras piadosas... ¡en
vano! contra ti nada puede el olvido: ¡he de seguir de esclavo a tus plantas
gloriosas!
Invoqué en mis vigilias la imagen de la muerte y del
Wherter germano el recuerdo suicida... ¡Y todo inútilmente! ¡El temor de
perderte siempre ha podido más que mi horror a la vida!
Bien
puedes sonreír y sentirte dichosa: el águila a tus plantas se ha vuelto
mariposa, Dalila le ha cortado a Sansón los cabellos,
Mi alma es un
pedestal de tu cuerpo exquisito, y las alas, que fueron para el vuelo
infinito, como alfombras de plumas están a tus pies bellos.
    
VotosAl
verte, sin pensar, se dice Ave María... y pues es tuyo el reino de la
estrella y la rosa, y está en tu corazón la sacra poesía Por gracias de
una antigua virtud maravillosa,
Que suenen tiorbas y arpas, y salmo y
letanía se digan en tu elogio; que la lira y la rosa y el ciego ruiseñor,
al expirar el día, unánimes saluden tu aparición gloriosa.
Que con
voz auroral de fuente diamantina, y con voz vesperal de estrella cristalina, y
con apasionada voz de brisas y mares,
Cielo y tierra consagren tu
venusino imperio... yo soñaré en tu gloria mi místico salterio en otro
salomónico Cantar de los Cantares.
    
Sin
RazónDime:
¿qué filtro da tu boca en su divino beso cruento, que me hace vibrar mi
carne loca como a la débil hoja el viento?
¿Con qué fórmula cabalística mi
pena rindes dulcemente, cual la celeste rosa mística hace inclinar a la
serpiente?
Di: ¿dónde ocultas el secreto de esta maga fascinación? ¿Algún
venusino amuleto me ha ligado a tu corazón?
En vano quiero descifrar la
causa de mi rendimiento; como la luna sobre el mar, luz móvil es mi
pensamiento...
En tus leves manos se estruja mi espíritu sin
voluntad: eres la playa a do me empuja la ola de la fatalidad.
    
SerenataEs
el bardo que dijo en romance galano la legendaria historia del paladín
audaz; que a las moriscas gentes abatió con su mano, que fue timbre y
orgullo del valor castellano, que de vencer a un mundo se dijera capaz.
El
que al pie de la reja de tu ventana gótica entona la vibrante y amorosa
canción que en su pecho ha nacido, como una flor erótica, como una rosa
roja, perfumada y exótica, para que tú la pongas en tu ducal blasón.
¡Oh
blonda castellana!... ¡Mi castellana blonda! estrella de mis noches de pena
y aflicción, por quien el bardo amante, bajo la ojiva ronda, sufre de una
incurable herida, roja y honda, que tus ojos le hicieron en pleno corazón.
¡Oh
blonda castellana, que en torneos galantes aclamaron la reina de belleza sin
par los bravos fijosdalgos, los de los tiempos de antes, los de la espada
al cinto, los de porte elegante, que por una sonrisa se dejaban matar.
Reina
y señora mía, por quien mil trovadores entonan sus rondeles bajo del
ventanal: reina, por tu belleza, de las fragantes flores que para ti
despiden embriagantes olores, perfumando la estancia de tu mansión feudal.
Por
ti canta la fuente del parque cristalina su canción, melodiosa serenata de
amor, y el ramaje verdoso entreteje una fina labor, y así protege tu
frente alabastrina para que no la hiera de febo el resplandor.
Por ti
los paladines, a tu beldad rendidos, hacen lujo en la liza de valor sin
igual, que ante tus pies se postran vencedor y vencido, pues tú sola eres
reina, pues por ti ha perdido su corazón y su alma toda la corte real.
Por
tu blancura celos padece el Marqués Lirio, y diamantes y perlas se han
negado a brillar en nuestro pecho, porque han sufrido el martirio de ver
que, ante tus ojos, eran cual blanco cirio que quisiese a los soles con su
brillo igualar.
Y yo, bardo de raza, de los viejos troveros que a la
luz de la luna cantaban su canción, y que por su señora cruzaban los
aceros, y en la caza servían de fieles halconeros, recibiendo por pago,
de ellas, el corazón.
Os doy el alma entera, ¡mi reina, mi señora! Os
doy el alma entera, mi alma de trovador, Pobre alma vagabunda que sólo a vos
adora... pero si la rehusases, matadme, mi señora, matadme con los
ojos: ¡quiero morir de amor!
    
AmadaEl
duro son de hierro tornaré melodía para cantar tus ojos -violetas
luminosas-, la noche de tu negra cabellera y el día de tu sonrisa, pura más
que las puras rosas.
Tú vienes con el alba y con la primavera espiritual,
con toda la belleza que existe, con el olor de lirio azul de la pradera y
con la alondra alegre y con la estrella triste.
La historia de mi alma es
la del peregrino que, extraviado una noche en un largo camino, pidió al
cielo una luz..., y apareció la luna;
Pues estaba de un viejo dolor
convaleciente, y llegaste lo mismo que una aurora naciente, en el momento
amargo y en la hora oportuna.
    
Dulzura
de los Extasis del AmorDulzura
de los éxtasis de amor bajo la luna: aromas embriagantes aspirados por una lúgubre
y perfumada cabellera moruna...
Languidez de unos labios febriles,
entreabiertos, sobre otros labios; fríos de manos temblorosas; corazones
ardientes, llorosos, casi muertos de amor entre las rosas...
Voces
entrecortadas o silencio elocuente... olvido de las horas y desprecio del
mundo... el rosal interior que se abre dulcemente... la eternidad vivida
en un solo segundo...
    
|