Medardo Ángel Silva

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Para Qué

... Y, ¿para qué las creencias,
el saber tantas cosas
y el pasar tantos días
y noches con las doctas
frentes sobre los libros inclinadas,
mientras afuera, en explosión divina,
la visa estalla múltiple, frenética,
en los vibrantes pechos y en las bocas?

¡Oh!, ¿para qué las ciencias
y el dejar marchitarse las magnolias
de juventud en los jardines cálidos,
si ha de llegar la hora
en que dejemos los sedosos lechos
por la aspereza de una horrible alcoba?











Músicas Otoñales

Por los prados celestes va la luna de enero,
igual a una pastora, con su túnica blanca.
La ciudad se ha dormido y ya apenas se escuchan
de las brisas errantes las líricas palabras.

Las estrellas se miran sobre el lago dormido,
cual pálidos nenúfares en las azules aguas,
y, en la nocturna paz, mi corazón se llena
de recuerdos floridos y visiones románticas,

De sueños imposibles y todas esas cosas
que llevan los poetas en el fondo del alma,
y que surgen de pronto con aquellos perfumes
de las rosas difuntas y las novias lejanas.

Desde que tú partiste parece que los lirios
no vierten la fragancia que aromaba mi huerto.
La misma voz del piano suspira saudadosa
porque no vibra al dulce contacto con tus dedos.

Todo me habla de ti, tu clave, tus jazmines,
el ritmo de las brisas, mi corazón de huérfano,
y ese sutil perfume que en el salón dejaron
las rosas de tu núbil carne de terciopelo.

Aunque tanto me hirieron, tus pupilas gloriosas
son los únicos astros de mis noches de invierno:
que mi alma es un paisaje dormido en la penumbra
y solamente se abre al sol de tu recuerdo...

Estás lejos de mí, pero vives en mi alma
con la íntima y amada vida de los recuerdos,
y, nimbada de rosas, en mis sueños te miro
como se ve a los astros, dulcemente... y de lejos...

Quizás nunca regreses, o cuando tú retornes,
mi corazón, inmóvil, duerma su último sueño,
el que velan los sauces como madres llorosas
y las lunas doradas sobre los cementerios...


Pero hasta que se apaguen las húmedas pupilas
de este loco muchacho que te dice sus versos,
rimarán en tu gloria sus más dulces canciones
los líricos bulbules que cantan en mi huerto.












Quien te Puso en mi Vida

Quien te puso en mi vida, rosa y lirio de nieve,
ha dado a mis senderos estrella y melodía;
yo, a cambio de esos dones, bajo tu planta leve,
regaré los diamantes de mi melancolía.

La perfumada seda de tu corta peluca
zahuma las estancias de un olor a violeta;
un éxtasis de rosas se deshoja en tu nuca
y los astros se duermen en tus pupilas quietas.

Cuanto besa la lumbre de esas bellas pupilas
florece como al toque de una varilla de hadas...
rosa y lirio de nieve, por mis horas tranquilas
pasas con el encanto de la luna dorada.












Romanza del Amor Silencioso

Este amor imposible es como viva llama
en que mi corazón huérfano se consume.
Mi alma es un exquisito y dulce pentagrama
donde la excelsa música de tu amor se resume.

¡Ah! Si tú conocieras mis noches desveladas,
la hiel amarga todas las horas de mi vida,
trocaras el allegro de aquellas carcajadas
en un largo y sollozo por la esperanza huida.

Tu amor es Lacoonte, es dolor infinito,
se retuerce y no gime, está mudo, no llora...
yo disfrazo en mis cantos el angustioso grito
y en mi tiniebla enciendo la artificial aurora.


Mi amor no pide nada: para inmortalizarte
basta que mis estrofas, cual mariposas de oro,
en el azul sereno de los cielos del arte,
escriban en su vuelo ese nombre que adoro.

Mi amor es como un niño que en la noche siniestra
de algún bosque, queriendo sollozar, no se atreve.
Porqué está lejos sueño con la divina siniestra
-cincopétala rosa, cara al lirio de nieve.

Y tú jamás sabrás de esta pasión volcánica,
muda como una tumba. en un celeste ocaso,
por mi existencia cruzas, emperatriz tiránica,
sin saber que mi espíritu agoniza a tu paso.












El Tiempo

I
¡Oh, deidad impasible por quien blasfemo y oro:
tu alma es como un palacio de mármol, bello y frío,
con plafones de cedros y altivas puertas de oro,
solemne y armonioso como un templo vacío.

En diáfanos ponientes hay la gracia de un vuelo
de leves sedas blancas, de cisnes y palomas;
y, entre las columnatas, elevan hasta el cielo
sus espiras sensuales humaredas de aromas.

La luz de un sol eterno, que sólo igualaría
el tibio resplandor que velan tus pestañas,
su claridad celeste difunde noche y día...

A las puertas de tu alma mi amor está llamando...
el eco de tu voz se pierde en las montañas 
y, cual si comprendiera, el sol de va ocultando.

II
Llamé a tu corazón..., y no me ha respondido...
pedí a drogas fatales sus mentiras piadosas...
¡en vano! contra ti nada puede el olvido:
¡he de seguir de esclavo a tus plantas gloriosas!

Invoqué en mis vigilias la imagen de la muerte
y del Wherter germano el recuerdo suicida...
¡Y todo inútilmente! ¡El temor de perderte 
siempre ha podido más que mi horror a la vida!

Bien puedes sonreír y sentirte dichosa:
el águila a tus plantas se ha vuelto mariposa,
Dalila le ha cortado a Sansón los cabellos,

Mi alma es un pedestal de tu cuerpo exquisito,
y las alas, que fueron para el vuelo infinito,
como alfombras de plumas están a tus pies bellos.












Votos

Al verte, sin pensar, se dice Ave María...
y pues es tuyo el reino de la estrella y la rosa,
y está en tu corazón la sacra poesía
Por gracias de una antigua virtud maravillosa,

Que suenen tiorbas y arpas, y salmo y letanía
se digan en tu elogio; que la lira y la rosa
y el ciego ruiseñor, al expirar el día,
unánimes saluden tu aparición gloriosa.

Que con voz auroral de fuente diamantina,
y con voz vesperal de estrella cristalina,
y con apasionada voz de brisas y mares,

Cielo y tierra consagren tu venusino imperio...
yo soñaré en tu gloria mi místico salterio
en otro salomónico Cantar de los Cantares.












Sin Razón

Dime: ¿qué filtro da tu boca
en su divino beso cruento,
que me hace vibrar mi carne loca
como a la débil hoja el viento?

¿Con qué fórmula cabalística
mi pena rindes dulcemente,
cual la celeste rosa mística
hace inclinar a la serpiente?

Di: ¿dónde ocultas el secreto
de esta maga fascinación?
¿Algún venusino amuleto
me ha ligado a tu corazón?

En vano quiero descifrar
la causa de mi rendimiento;
como la luna sobre el mar,
luz móvil es mi pensamiento...

En tus leves manos se estruja
mi espíritu sin voluntad:
eres la playa a do me empuja
la ola de la fatalidad.












Serenata

Es el bardo que dijo en romance galano
la legendaria historia del paladín audaz;
que a las moriscas gentes abatió con su mano,
que fue timbre y orgullo del valor castellano,
que de vencer a un mundo se dijera capaz.

El que al pie de la reja de tu ventana gótica
entona la vibrante y amorosa canción
que en su pecho ha nacido, como una flor erótica,
como una rosa roja, perfumada y exótica,
para que tú la pongas en tu ducal blasón.

¡Oh blonda castellana!... ¡Mi castellana blonda!
estrella de mis noches de pena y aflicción,
por quien el bardo amante, bajo la ojiva ronda,
sufre de una incurable herida, roja y honda,
que tus ojos le hicieron en pleno corazón.

¡Oh blonda castellana, que en torneos galantes
aclamaron la reina de belleza sin par
los bravos fijosdalgos, los de los tiempos de antes,
los de la espada al cinto, los de porte elegante,
que por una sonrisa se dejaban matar.

Reina y señora mía, por quien mil trovadores
entonan sus rondeles bajo del ventanal:
reina, por tu belleza, de las fragantes flores
que para ti despiden embriagantes olores,
perfumando la estancia de tu mansión feudal.

Por ti canta la fuente del parque cristalina
su canción, melodiosa serenata de amor,
y el ramaje verdoso entreteje una fina
labor, y así protege tu frente alabastrina
para que no la hiera de febo el resplandor.

Por ti los paladines, a tu beldad rendidos, 
hacen lujo en la liza de valor sin igual,
que ante tus pies se postran vencedor y vencido,
pues tú sola eres reina, pues por ti ha perdido
su corazón y su alma toda la corte real.

Por tu blancura celos padece el Marqués Lirio, 
y diamantes y perlas se han negado a brillar
en nuestro pecho, porque han sufrido el martirio
de ver que, ante tus ojos, eran cual blanco cirio
que quisiese a los soles con su brillo igualar.

Y yo, bardo de raza, de los viejos troveros
que a la luz de la luna cantaban su canción,
y que por su señora cruzaban los aceros,
y en la caza servían de fieles halconeros,
recibiendo por pago, de ellas, el corazón.


Os doy el alma entera, ¡mi reina, mi señora!
Os doy el alma entera, mi alma de trovador,
Pobre alma vagabunda que sólo a vos adora...
pero si la rehusases, matadme, mi señora, 
matadme con los ojos: ¡quiero morir de amor!












Amada

El duro son de hierro tornaré melodía
para cantar tus ojos -violetas luminosas-,
la noche de tu negra cabellera y el día
de tu sonrisa, pura más que las puras rosas.

Tú vienes con el alba y con la primavera
espiritual, con toda la belleza que existe,
con el olor de lirio azul de la pradera
y con la alondra alegre y con la estrella triste.

La historia de mi alma es la del peregrino
que, extraviado una noche en un largo camino,
pidió al cielo una luz..., y apareció la luna;

Pues estaba de un viejo dolor convaleciente,
y llegaste lo mismo que una aurora naciente,
en el momento amargo y en la hora oportuna.












Dulzura de los Extasis del Amor

Dulzura de los éxtasis de amor bajo la luna:
aromas embriagantes aspirados por una
lúgubre y perfumada cabellera moruna...

Languidez de unos labios febriles, entreabiertos,
sobre otros labios; fríos de manos temblorosas;
corazones ardientes, llorosos, casi muertos
de amor entre las rosas...

Voces entrecortadas o silencio elocuente...
olvido de las horas y desprecio del mundo...
el rosal interior que se abre dulcemente...
la eternidad vivida en un solo segundo...








 



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