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Guayaquil 1899-1920; El más representativo de los poetas modernistas Ecuatorianos,
cabeza de los decapitados (por extraño que suene) se suicidó a los 20
años, dos días después de escribir este poema. |
El
Alma en los LabiosI para
mi amada cuando de nuestro amor la llama apasionada dentro de tu pecho
amante contemples extinguida, ya que solo por ti la vida me es amada, el día
en que me faltes, me arrancaré la vida. porque mi pensamiento, lleno de tu
cariño, que en una hora feliz me hiciera esclavo tuyo, lejos de tus
pupilas es triste como un niño que se duerme, soñando en tu acento de
arrullo. Para envolverte en besos quisiera ser el viento y quisiera ser
todo lo que tu mano toca; ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento para
poder estar más cerca de tu boca. vivo de tu palabra y eternamente espero llamarte
mía como quien espera un tesoro. lejos de ti comprendo lo mucho que te
quiero y, besando tus cartas, ingenuamente lloro. perdona que no tenga
palabras con que pueda decirte la inefable pasión que me devora; para
expresar mi amor solamente me queda rasgarme el pecho, amada, y en tus manos
de seda ¡dejar mi palpitante corazón que te adora! diciembre, 1918
    
EstanciasNi
un ansia, ni un anhelo, ni siquiera un deseo agitan este lago crepuscular de
mi alma Mis labios están húmedos del agua del letheo la muerte me
anticipa su don mejor: la calma
De todas las pasiónes llevo apagado
el fuego no soy sino una sombra de todo lo que he sido buscando en las
tinieblas, igual que un niño ciego, el mágico sendero que conduce al olvido
Hastíos
otoñales... ya nada me entusiasma de cuanto me causará infantiles asombros y
así voy por la vida, cual perdido fantasma que atraviesa las calles de la
ciudad de escombros
Y mi alma que creía primavera eterna al
emprender sus dulces y locas romerías hoy ve, como un leproso aislado en su
caverna pudrirse lentamente los frutos de sus días.
    
Romanzas
de AmorDime
que todo ha sido una mentira. Yo tengo miedo de mi soledad... Que mi razón
extraviada delira, que es un pesadilla, ¿no es verdad?
Mejor es no
pensarlo nunca. Deja que me suma en la cálida ebriedad de tu lado vestido
que se aleja, como un perfume, entre la oscuridad.
Tu alma no
siente ya lo que sentía ... Has olvidado todo, ¿no es verdad? ¡Me oyes,
y sigues silenciosa y fría! Ven. Miente. Di que me amas todavía... ¡Yo
tengo miedo de mi soledad!
    
EsperaI Bajo
el oro del sol, sedeña y pura, vendrás para curar mis hondos males, trayendo,
en mil redomas orientales, bálsamos de consuelo y de ventura.
Ungirás
mi dolor con tu hermosura y, con tus dedos finos y liliales, derramarás
en mí los manantiales que guardas de piedad y de dulzura.
Al arrumbar
feliz a mi ribera, tú serás en mis campos primavera y flor y aroma en mi
jardín desierto.
Y en una noche tibia y perfumada, rodará por la
alfombra empurpurada, el negro monstruo de mis penas, muerto.
II En
vano te he esperado, cada aurora. mudos los labios, triste el pensamiento, me
sorprendió, mirando el pulimento de los senderos blancos, ¡mi señora!...
En
vano te he esperado, hora tras hora. me falta ya el valor... y hasta el
aliento, y cada vez más desgarrante siento el puñal del dolor que me
devora...
¿Ya nunca has de venir?... ¿Nunca en tus labios, que son
de todas las caricias sabios, apagaré mi sed de peregrino?
¡Oh, voz
nefasta que mi sueño trunca! Sólo el eco repite, en el camino, inmensamente
triste: ¡nunca!... ¡nunca!
    
Versos
Ingenuos¿Te
acuerdas, di, de ese muchacho loco que un día, provocando tus enojos, te
dijo: alma de mi alma, sólo invoco una sonrisa de tus labios rojos?
Coronaba
su faz pálida y mustia, de rizos abundosos, la melena; tenía en su alma
una secreta angustia y en sus pupilas humedad de pena.
¿Te acuerdas?
Hasta el pie de tus balcones arrumbó en su dorado plenilunio, pletóricos
los labios de canciones y el pecho rebosante de infortunio.
Te habló
de amor, de vida y poesía, de dolores románticos que abruman. y eran sus
cantos una sinfonía ingenua y melancólica de Schumann...
Mas tú,
chiquilla, no lo comprendiste. ni una sombra de amor hubo en tu frente... y
hoy va, por el sendero de los tristes, hacia el olvido, resignadamente...
    
Poema
FugazI Mi
corazón, esclavo de tu paso, es una flor nocturna que delira -¡oh,
emperatriz del verso y de la lira!- con el dominio de tu dulce brazo.
Una
opulenta suavidad de raso tiene un cuerpo núbil, donde expira un
novilunio... Lorelay suspira con tu palabra musical, muy paso...
Para
ti mis enjambres de quimeras, pues, tus miradas y las lilas prematuras que
tiñen tus ojeras,
¿quién no rinde sus versos y su orgullo, ebrio
del esplendor de tus pupilas y el olor de tus senos en capullo?
II Cuando,
rugiendo, huyó como una fiera la nave que a mi anhelo re robara, y hasta
la bruma, de tu encanto avara, te cubrió con su ploma cabellera;
Cuando
pensé que sólo sueños era esta pasión ten breve como rara, y que, quizás,
te marcharías para no regresar jamás a mi ribera,
Grité a los
cielos como un pobre loco, sentí un acero frío, poco a poco, ir mi
llagado corazón rasgando.
Y, al llevarse la brisa mi reproche, sobre
mi vida descendió la noche y, sin sentirlo, me alejé llorando.
III ¡Oh,
princesa romántica y lejana!, por el dulce fulgor de tus pupilas de ónices
raros - núblicas sibilas, que asesinan al pie de tu ventana;
por tu
boquita de encendida grana, donde tesoros de armonía asilas; por tu paso
de reina y por las lilas de tus ojeras milagrosas. Ana,
te mando el
corazón en estos versos -un puñado de pétalos dispersos que sueñan con
tu lánguida hermosura...
En cambio, sólo quiero que envíes un beso
de tus labios carmesíes, para curar mi loca desventura...
    
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