| José
Ángel Buesa José Ángel Buesa -
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|  Poema
del Olvido Viendo pasar las nubes fue pasando
la vida, y tu, como una nube, pasaste por mi hastío. Y se unieron
entonces tu corazón y el mío, como se van uniendo los bordes de una herida. Los
últimos ensueños y las primeras canas entristecen de sombra todas las cosas
bellas; y hoy tu vida y mi vida son como las estrellas, pues pueden verse
juntas, estando tan lejanas...
Yo bien sé que el olvido, como una agua
maldita, nos da una sed mas honda que la sed que nos quita, pero estoy tan
seguro de poder olvidar...
Y miraré las nubes sin pensar que te quiero, con
el hábito sordo de un viejo marinero que aun siente, en tierra firme, la
ondulación del mar.

Cuartetos
del Transeúnte - Bebed.- Dice
el amor junto a la fuente cuya corriente clara dice también:- Bebed... Y
como a cada sorbo tu sed es diferente al secarse la fuente, tendrás la misma
sed. Sonríe, jardinera que en surco te inclinas y buscas el secreto
profundo de las cosas. No pienses que las rosas se afean con espinas, sino
que las espinas se embellecen con rosas.
Jugué al amor contigo con
vanidad tan vana, que marqué con la uña los naipes que te di. Y en este
extraño juego donde pierde el que gana gané tan tristemente, que te he
perdido a ti.
Fue un amor del que apenas quedaría, lo que queda del
viento cuando el viento pasó. Y yo doblo la almohada como tú, todavía, y
tu marcas los libros, a veces, como yo...

Poema
De La Culpa Yo la amé, y era de otro, que
también la quería. Perdónala Señor, porque la culpa es mía. Después
de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa
el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo mis labios
están dulces por ese amor amargo. Ella fué como un agua callada que corría
... Su es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor,
tu que le diste a ella su frescura de lluvia y esplendor de estrella. Su
alma era transparente como un vaso vacío: Yo lo llené de amor. Todo el
pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tu hicistes que fuera turbadora
y fragante como la primavera? ¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío sobre
la yerba seca y ávida del estío?
Trataré de rechazarla, Señor, inútilmente, como
un surco que intenta rechazar el simiente. Era de otro. Era de otro que no la
merecía, y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro,
Señor, pero hay cosas sin dueño: Las rosas y los ríos, y el amor y el
ensueño. Y ella me dió su amor como se da una rosa como quien lo da
todo, dando tan poca cosa...
Una embriaguez extraña nos venció poco a
poco: Ella no fue culpable, Señor ... ni yo tampoco!
La culpa es toda
tuya, porque la hicistes bella y me distes los ojos para mirarla a ella. Si.
Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar y si es culpa de un río cuando
corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara, que
sería pecado mayor si no la amara.
Y por eso, perdóname, Señor, porque
es tan bella, que tú, que hicistes el agua, y la flor, y la estrella, tú,
que oyes el lamento de este dolor sin nombre, tu también la amarías, ¡si
pudieras ser hombre!

Carta
sin Fecha Amigo: sé que existes, pero ignoro
tu nombre. No lo he sabido nunca ni lo quiero saber. Pero te llamo amigo
para hablar de hombre a hombre, que es el único modo de hablar de una mujer. Esa
mujer es tuya, pero también es mía. Si es más mía que tuya, lo saben ella
y Dios. Sólo se que hoy me quiere como ayer te quería, aunque quizá mañana
nos olvide a los dos.
Ya ves: ahora es de noche. yo te llamo mi amigo; yo,
que aprendí a estar solo para quererla más; y ella, en tu propia almohada,
tal vez sueña conmigo; y tú, que no lo sabes, no la despertarás.
¡Qué
importa lo que sueña!. Déjala así, dormida. Yo seré como un sueño sin mañana
ni ayer. Y ella irá de tu brazo para toda la vida, y abrirá las ventanas
en el atardecer.
Quédate tú con ella. Yo seguiré el camino. Ya es
tarde, tengo prisa, y aún hay mucho que andar, y nunca rompo el vaso donde
bebí un buen vino, ni siembro nada, nunca, cuando voy hacia el mar.
Y
pasarán los años favorables o adversos, y nacerán las rosas que nacen
porque sí; y acaso tú, algún día, leerás estos versos, sin saber que
los hice por ella y para ti....

Poema
para el Crepúsculo Hora de soledad y de
melancolía, en que casi es de noche y casi no es de día. Hora para que
vuelva todo lo que se fue hora para estar triste, sin preguntar por que. Todo
empieza a morir cuando nace el olvido. Y es tan dulce buscar lo que no se ha
perdido... °Y es tan agria esta angustia terriblemente cierta de un gran
amor dormido que de pronto despierta!
Viendo pasar las nubes se comprende
mejor que así como ellas cambian, va cambiando el amor, y aunque decimos:
¡Todo se olvida, todo pasa...! en las cenizas, a veces nos sorprende una
brasa.
Porque es triste creer que se seco una fuente, y que otro beba
el agua que brota nuevamente: o una estrella apagada que vuelve a ser
estrella, y ver que hay otros ojos que están fijos en ella. Decimos: ¡Todo
pasa, porque todo se olvida...! y el recuerdo entristece lo mejor de la vida.
Apenas
ha durado para amarte y perderte este amor que debía durar hasta la muerte. Fugaz
como el contorno de una nube remota, tu amor nace en la espiga muriendo en la
gaviota. Tu amor, cuando era mío, no me pertenecía. Hoy, aunque vas con
otro, quizás eres mas mía.
Tu amor es como el viento que cruza de
repente: Ni se ve, ni se toca, pero existe y se siente. Tu amor es como un
árbol que renuncio a su altura, pero cuyas raíces abarcan la llanura. Tu
amor me negó siempre lo poco que pedí, y hoy me da esta alegría de estar
triste por ti. Y, aunque creí olvidarte, pienso en ti todavía, cuando,
aun sin ser de noche, dejo de ser de día.

Elegía
para mi y para ti Yo seguiré soñando
mientras pasa la vida, y tú te irás borrando lentamente de mi sueño. Un
año y otro año caerán como hojas secas de las ramas del árbol milenario
del tiempo, y tu sonrisa, llena de claridad de aurora, se alejará en la
sombra creciente del recuerdo. Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y
quizá, poco a poco, dejaré de hacer versos, bajo el vulgar agobio de la
rutina diaria, de las desilusiones y los aburrimientos. Tú, que nunca soñaste
mas que cosas posibles, dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.
Acaso
nos veremos un día, casualmente, al cruzar una calle, y nos saludaremos. Yo
pensaré quizá: " Qué linda es todavía." Tú quizá pensarás:
" Se está poniendo viejo " Tú irás sola, o con otro. Yo iré
solo o con otra. o tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.
Y
seguirá muriendo la vida, año tras año, igual que un río oscuro que corre
hacia el silencio. Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto, o una
canción de entonces me traerá tu recuerdo. Y en estas noches tristes de
quietud y de estrellas, pensaré en ti un instante, pero cada vez menos....
Y
pasará la vida. Yo seguiré soñando; pero ya no habrá un nombre de mujer
en mi sueño. Yo ya te habré olvidado definitivamente y sobre mis
rodillas retozarán mis nietos. (Y quizá, para entonces, al cruzar una
calle, nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)
Y una tarde de
sol me cubrirán de tierra, las manos para siempre cruzadas sobre el pecho. Tú,
con los ojos tristes y los cabellos blancos, te pasarás las horas bostezando
y tejiendo. Y cada primavera renacerán las rosa, aunque ya tú estés
vieja, y aunque yo me haya muerto.

El
Resucitado No, nunca fue lo oscuro tan
oscuro. Y está acostado pero no en su lecho. Quiere moverse y se lo
impide un muro. Un muro en derredor, largo y estrecho. Llama, y su voz
resuena extrañamente, sin que acudan su madre ni su hijo. Y un súbito
sudor hiela su frente, Al palpar en su pecho un crucifijo.
No, no hay
duda: Esa sombra que lo aterra es sombra de ataúd bajo la tierra, y no es
soñando, porque está despierto.
Y lo aturde un pavor definitivo Al
comprender que se le dió por muerto y al comprobar que fue enterrado vivo II Pero
un día, al abrir la sepultura, se sabría su muerte verdadera. Si el ataúd
mostrara la hendidura, de un golpe de su mano en la madera.
Y al
pensar de repente en el mañana, piensa también enloquecidamente en el
espanto de la madre anciana y en el horror del hijo adolescente.
Y allí,
en la sombra, sin quejarse en vano sin dar un grito, sin alzar la mano, con
una abnegación casi suicida
Cierra los ojos y se queda quieto Porque
así, solo así, será un secreto Su horrible muerte de enterrado en vida

Ya
todos la Olvidaron Ya todos la olvidaron.
Ahora sí que se ha ido, pero, sobre las rosas de la tumba reciente, florecía
el recuerdo más allá del olvido… Yo era el hosco, el ausente. Qué le
importa a la noche que se apague una estrella, si el mar sigue cantando
cuando pierde una ola. Ya están secos los ojos que lloraron por ella. Ya
se ha quedado sola.
Ahora ya sigue, sola, su viaje hacia el espanto, por
las noches profundas, bajo el cielo inclemente. Ya nadie me reprocha que no
lloré aquel llanto, que fui el hosco, el ausente…
Ya nadie le
disputa su silencio y su sombra, sobre todo su sombra, bajo la luz del día. Ya
todos la olvidaron, Señor. Nadie la nombra. Yo la recuerdo todavía…

Poema
del Amor Ajeno Puedes irte y no importa, pues
te quedas conmigo como queda un perfume donde había una flor. Tú sabes
que te quiero, pero no te lo digo; y yo se que eres mía, sin ser mío tu
amor. La vida nos acerca y la vez nos separa, como el día y la noche en
el amanecer... Mi corazón sediento ansía tu agua clara, pero es un agua
ajena que no debo beber...
Por eso puedes irte, porque, aunque no te
sigo, nunca te vas del todo, como una cicatriz; y mi alma es como un surco
cuando se corta el trigo, pues al perder la espiga retiene la raíz.
Tú
amor es como un río, que parece más hondo, inexplicablemente, cuando el
agua se va. Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo, pues tu amor y
la muerte tienen un más allá.
Para un deseo así, toda la vida es poca; toda
la vida es poca para un ensueño así... Pensando en ti, esta noche, yo besaré
otra boca; y tú estarás con otro... ¡pero pensando en mí!

Nocturno
IV Así estás todavía de pie bajo la
lluvia, bajo la clara lluvia de una noche de invierno. De pie bajo la
lluvia me llega tu sonrisa, de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo. Siempre
he de recordarte de pie bajo la lluvia, con un polvo de estrellas muriendo en
tus cabellos y tu voz que nacía del fondo de tus ojos y tus manos
cansadas que se iban en el viento y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles y
la hoja aquélla que te cayó en el seno y el rocío nocturno dormido en tus
pestañas y engarzando diamantes en tu vestido negro. Así estás todavía
lejanamente cerca desde tu lejanía de sombra y de silencio. Mi corazón
te llama de pie bajo la lluvia, de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño. La
vida es tan pequeña que cabe en una noche. Quizá fue que en la sombra me
encontré con tu beso y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia, el
sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo.
Si, me has dejado triste porque
pienso que acaso ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo. Y no he de
verte entonces de pie bajo la lluvia con las manos temblando de frío y de
deseo. Pero aunque habrá otras noches cargadas de perfumes y otras
mujeres, y otras, a lo largo del tiempo, siempre he de recordarte de pie bajo
la lluvia, bajo la lluvia clara de una noche de invierno...
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