| José
Ángel Buesa José Ángel Buesa -
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|  No
era Amor No era amor. Fue otra cosa Pero
según murmuran en la ciudad aquélla, yo cometí el delito de inventarte una
estrella, y fue tuyo el pecado de ofrecerme una rosa. No era amor, no era
eso que se enciende en la sangre como una llamarada; Era mirar tus ojos y
no decirte nada o acercarme a tu boca sin codiciar un beso.
Tarde para
mi hastío, tarde para tu angustia de mariposa en vano, era como dos
ciegos que se daban la mano, como dos niños pobres, tu corazón y el mío.
Nada
más. Ni siquiera suspirar en la lluvia de una tarde vacía, No era amor,
fue otra cosa. No se lo que sería Yo sé que es triste que nadie lo creyera.

Poema
Crepuscular En el recogimiento de la tarde
que muere, entre las imprecisas brumas crepusculares, cada jirón de
sombra cobra vida, y sugiere vaporosas siluetas familiares. En la brisa
que pasa, parece que suspira la virgen de ojos claros que aún sueña en mi
regreso; el rumor de las frondas abre el ala de un beso, y desde aquélla
estrella, alguien me mira…
Allá, entre la alameda, se perfila la
sombra grácil de la mujer que amé más en la vida, y en la voz de la
fuente vibra una voz querida, que en su canción de oro y cristal me
nombra…
Todo canta, a esa hora, la canción olvidada; todo sueña el
ensueño que quedó trunco un día, y verdece de nuevo la ilusión agostada, ebria
de fe, de ardor y de armonía…
Y entre la sutil bruma de prestigios de
incienso que exalta mis recuerdos y mi melancolía, en la paz de este
parque abandonado, pienso en la mujer que nunca será mía…

Canción
de la Noche Sola Fue mía una noche. Llegó
de repente, y huyó como el viento, repentinamente. Alumna curiosa que
aprendió el placer, fue mía una noche. No la he vuelto a ver. Fue la
noche sola de una sola estrella. Si miro las nubes, después pienso en ella. Mi
amor no la busca; mi amor no la llama; la flor desprendida no vuelve a la
rama, y las ilusiones son como un espejo que cuando se empaña pierde su
reflejo. Fue mía una noche, locamente mía: me quema los labios su sed
todavía. Bella como pocas, nunca fue más bella que soñando el sueño de
la noche aquélla. Su amor de una noche sigue siendo mío: la corriente
pasa, pero queda el río; y si ella es la estrella de una noche sola, yo
he sido en su playa la primera ola.
Amor de una noche que ignoró el hastío. Somos
las dístales orillas de un río, entre las que cruza la corriente clara, y
el agua las une, pero las separa. Amor de una noche: si vuelves un día, ya
no he de sentirte tan loca y tan mía. Más que la tortura de una herida
abierta, mi amor ama el viento que cierra una puerta.
El amor florece
tierra movediza, y es ley de la llama trocarse en cenizas. El amor que
vuelve, siempre vuelve en vano, así como un ciego que tiende la mano. Amor
de una noche sin amanecer: ¡acaso prefiero no volverte a ver!

El
Clavel Seco Como el clavel del patio estaba
seco, yo, entristecido por sus tristes males, baje al jardín para cavar
un hueco, en buena sombra entre dos rosales. Y eran rosales cerca, gajo a
gajo en una cercanía indiferente pero al cavar un poco, vi allá abajo sus
raíces trenzadas locamente.
Así, esta tarde, descubrí el secreto de
un cariño verdadero, hondo y discreto, transplantando un clavel que se secó.
Y,
en nuestra indiferente cercanía, que loco ensueño se descubriría si
alguien cavara un hueco entre tu y yo.

Tercer
Poema del Río El agua del río pasaba
indolente, reflejando noches y arrastrando días… Tú, desnuda en la
fresca corriente, reías… Yo te contemplaba desde la ribera, tendido
a la sombra de un árbol sonoro; y resplandecía tu áurea cabellera, desatada
en el agua ligera, como un remolino de espuma de oro…
Y pasaban las
nubes errantes, mientras tú te erguías bajo el sol de estío, con los
blancos hombros llenos de diamantes, en la rumorosa caricia del río.
Y
tú te reías… Y mirando mis manos vacías, pensé en tantas cosas que
ya fueron mías, y que se me han ido, como tú te irás…
Y tendí
mis brazos hacia la corriente, hacia la corriente cantarina y clara, porque
tuve miedo, repentinamente, de que el agua feliz te arrastrara…
Y ya
no reías… bajo el sol de estío, ni resplandecías de oro y de rocío. Y
saliste corriendo del río, y llenaste mis manos vacías…
Y al
sentir tu cuerpo tan cerca y tan mío, al vivir en tu amor un instante más
allá del placer y del hastío, vi pasar la sombra de una nube errante, de
una nube fugaz sobre el río…

Poesía
del Amor Imposible Esta noche pasaste por mi
camino y me tembló en el alma no se que afán pero yo estoy consciente de
mi destino que es mirarte de lejos y nada más No, tu nunca dijiste que
hay primavera en las rosas ocultas de tu rosal. Ni yo debo mirarte de otra
manera que mirarte de lejos y nada más
Y así pasas a veces tranquila
y bella, así como esta noche te vi pasar. Más yo debo mirarte como una
estrella que se mira de lejos y nada más.
Y así pasan las rosas de
cada día dejando las raíces que no se ván. Y yo con mi secreta melancolía de
mirarte de lejos y nada más.
Y así seguirás siempre, siempre
prohibida, más allá de la muerte, si hay mas allá. Porque en esa vida,
si hay otra vida, te mirare de lejos y nada más...

Soneto
del Ahorcado El beodo narraba
dificultosamente con hipos de agonía y vahos de aguardiente. El, residuo
de hombre, sin vigor ni decoro, era el único dueño de un singular tesoro. Y
vi en su mano torpe, tal como una serpiente de escamas de oro puro, la trenza
reluciente: su tesoro romántico, su reliquia - aunque ignoro de quién
era la trenza de cabellos de oro.
Y una noche de lluvia se colgó de una
rama, y un rechinar de dientes epilogó su drama de recorrer a tientas las
brumas del alcohol.
Y allí lo vimos todos, al inflamarse el día, y
en su cárdeno cuello la trenza relucía cual si se hubiese ahorcado con un
rayo de sol.

El
Pequeño Dolor Mi dolor es pequeño, pero
aun así bendigo este dolor, que es como no soñar después de un sueño, o
es como abrir un libro y encontrar una flor. Déjame que bendiga mi pequeño
dolor, que no sabe crecer como la espiga, porque la espiga crece sin amor.
Y
déjame cuidar como una rosa este dolor que nace porque sí, este dolor
pequeño, que es la única cosa que me queda de ti.

Poema
del Desencanto Y comenzaremos juntos un viaje
hacia la aurora. Como dos fugitivos de la misma condena. Lo que ignoraba
antes no he de callarlo ahora; No valías la pena. Ya llegaba el otoño y
ardía el mediodía. Sentí sed. Vi tu copa. Pensé que estaba llena, pero
acerque mis labios y la encontré vacía. No valías la pena.
Te di a
guardar un sueño pero tu lo perdiste, o acaso abrí mis surcos en la llanura
ajena. Es triste pero es cierto. Por ser cierto es tan triste. No valías
la pena.
Fuiste el amor furtivo que va de lecho en lecho, y el eslabón
amable que es mas que una cadena. Pero hoy puedo decirte, sin rencor ni
despecho; No valías la pena.
Me alegre con tu sonrisa; me apene por
tu llanto, sin pensar que eras mala, sin creer que eras buena. Te cante en
mis canciones y a pesar de mi canto. No valías la pena.
Me queda el
desencanto del que enturbio una fuente, o acaso el desaliento del que sembró
en la arena. Pero yo no te culpo. Te digo simplemente; No valías la pena.

Canción
del Amor Lejano Ella no fué, entre todas, la
más bella, pero me dió el amor más hondo y largo. Otras me amaron más;
y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
Acaso fué porque la
amé de lejos, como una estrella desde mi ventana... Y la estrella que
brilla más lejana nos parece que tiene mas reflejos.
Tuve su amor
como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que únicamente
guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena.
Ella estuvo en mis
brazos sin ser mía, como el agua en cántaro sediento, como un perfume
que se fué en el viento y que vuelve en el viento todavía.
Me penetró
su sed insatisfecha como un arado sobre llanura, abriendo en su fugaz
desgarradura la esperanza feliz de la cosecha.
Ella fué lo cercano en
lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del
navío, como la luz en el espejo roto.
Por eso aún pienso en la mujer
aquélla, la que me dió el amor más hondo y largo... Nunca fué mía. No
era la más bella. Otras me amaron más ... Y, sin embargo, a ninguna la
quise como a ella
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