| José
Ángel Buesa José Ángel Buesa -
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|  Carta
de Amor 3 Y ya ves: yo estoy solo, murmurando
tu nombre, recordando los besos que te dí y no te dí, y acaso tú, esta
tarde, le sonreíste a un hombre que ni siquiera se parece a mí.
O
puede suceder, quién sabe cuándo, que irás entre el gentío de una calle
cualquiera, y yo sé de qué modo se le quedan mirando a una mujer bonita
que pasa por la acera.
Sí, tal vez siento celos, celos tristes, celos
de no estar juntos, celos de no sé quién; celos de por qué sales y de cómo
te vistes, que no quieren ser celos y son celos también.
Y de repente
no te siento mía, o estás como más lejos de repente, y tengo la
tristeza de una casa sombría donde aún sopla el perfume de una mujer
ausente.
Afuera está la tarde, con su gris infinito; afuera está la
lluvia, calladamente cruel, y quisiera decirte cómo te necesito... pero
se me emborrona la tinta en el papel....!

Mi
Pequeño Dolor.... Mi dolor es pequeño. pero
aún así bendigo este dolor, que es como no soñar después de un sueño.. o
es como abrir un libro y encontrar una flor.
Déjame que te bendiga mi
pequeño dolor, que no sabe crecer como la espiga, porque la espiga crece
sin amor.
Y déjame cuidar como una rosa este dolor que nace porque sí; este
dolor pequeño que es la única cosa... que me queda de tí...

Canción
3 Solo bajo los astros, te digo que estoy
triste, en la profunda noche de raíces de fuego. Aquí, en un agua turbia
que me agranda los ojos, con el dolor creciente de la sed de tu beso.
Isla
de locos pájaros más allá de la sombra, y nieblas de remotas latitudes de
hielo; y el corazón que asciende golpeándome las venas, en el horror sin
nombre de saber que te quiero.
Sí. En la noche inclemente, solo bajo los
astros, oigo oscuras campanas en el fondo del viento, y el rumor de los árboles
recorre los caminos, y me quema los labios la sed de tu recuerdo.
Te
digo que estoy triste porque no estás conmigo, pero la noche sabe, cuántas
veces ya he muerto.!

Música
de Septiembre Una palabra simple es
suficiente. Y aprender a cantar oyendo el río que no sabe que canta en su
corriente. Y un buen amor, como tu amor y el mío.
Nada más de esa lágrima
insincera ni de aquélla clausura en el espanto, como el agua del pozo,
que quisiera cantar también, pero le falta el canto.
Y por una
palabra que dijiste y echó hacia atrás el frío de la nieve, ayer la
lluvia me dejaba triste y hoy casi sonrío cuando llueve.
Una palabra
simple y un lejano crepúsculo de otoño sobre el río, como mi mano, así,
sobre tu mano, y nada más para tu amor y el mío.
Música fácil para
el sentimiento como el sol en el patio de la casa, y que la vida pase como
el viento, que ni se ve siquiera cuando pasa.

Tema
de Insomnio Ya tengo, al fin, la llave de esa
puerta que, sin ser de salida ni de entrada, no impide el paso cuando está
cerrada ni permite pasar estando abierta.
Digo que tengo al fin la
llave triste, porque es triste esa llave diferente, que es diferente
porque solamente puede abrir una puerta que no existe.
Pero al llegar
ante la puerta oscura que ni es puerta ni tiene cerradura, se me perdió
la llave o que sé yo.
Y, aunque busco la llave todavía, de nada
sirve que aparezca un día, porque la puerta desapareció.

Poema
Del Regreso Vengo del fondo oscuro de una
noche implacable, y contemplo los astros con un gesto de asombro. Al
llegar a tu puerta me confieso culpable, y una paloma blanca se me posa en el
hombro.
Mi corazón humilde se detiene en tu puerta con la mano
extendida como un viejo mendigo; y tu perro me ladra de alegría en la
huerta, porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.
Al fin creció
el rosal aquel que no crecía y ahora ofrece sus rosas tras la verja de
hierro: Yo también he cambiado mucho desde aquel día, pues no tienen
estrellas las noches del destierro.
Quizás tu alma esta abierta tras la
puerta cerrada; pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo, mírame
dulcemente, sin preguntarme nada, y sabrás que no he vuelto ... ¡porque
estaba contigo!

Con
la Simple Palabra Con la simple palabra de
hablar todos los días, que es tan noble que nunca llegará a ser vulgar, voy
diciendo esta cosas que casi no son mías, así como las playas casi no son
mar. Con la simple palabra con que se cuenta un cuento, que es la vejez
eterna de la eterna niñez, la ilusión, como un árbol que se deshoja al
viento, muere con la esperanza de nacer otra vez.
Con simple palabra
te ofrezco lo que ofreces, amor que apenas llegas cuando te has ido ya: Quien
perfuma una rosa se equivoca dos veces, pues la rosa se seca y el perfume se
va.
Con la simple palabra que arde en su propio fuego, siento que en mí
es orgullo lo que en otro es desdén: Las estrellas no existen en las noches
del ciego, pero, aunque él no lo sepa, lo iluminan también.
Y así,
como un arroyo que se convierte en río, y que en cada cascada se purifica más, voy
cantando este canto tan ajeno y tan mío, con la simple palabra que no muere
jamás!

Te
Contaré la Historia Te contaré la historia
del bergantín sombrío que echó un día las anclas en la quietud de un
puerto, para ser en la turbia resaca del hastío, el ataúd flotante de su
pasado muerto. Allí evocaba el luto de la insignia pirata y las
tripulaciones con su bárbaro coro, en las fosforescencias de las noches de
plata y en el deslumbramiento de las tardes de oro.
Allí, en largos
letargos bajo las nubes lentas, entre un enloquecido revuelo de gaviotas, adoraban
el soplo brutal de las tormentas, en sus podridos pliegues, las pobres velas
rotas.
Abajo, en la sentina, mortecinos fanales, moscas y telarañas y
barriles flotando, arriba en la cubierta, náufragos espectrales agitando
los puños hacia el puente de mando.
Ah, las islas del trópico, los
dulces archipiélagos para siempre en los mapas de la mala fortuna, y un
buque torvamente rondando los murciélagos mientras las mariposas vuelan
hacia la luna.
Viejo barco que supo que el confín no es redondo en
las noches siniestras y en las albas felices, con las anclas hundidas más y
más en el fondo como si de las anclas le nacieran raíces.
Mástiles
carcomidos donde las golondrinas reposan el otoño, como un último ultraje; timón
con verdes costras de lepras submarinas y brújula sin norte para morir un
viaje.
Vientos del sur, o lluvias o locas primaveras, que poco importa
todo para los barcos viejos; pero un escalofrío crujía en sus maderas al
zarpar otras naves y al perderse a lo lejos.
Allí, escuchando el himno
de las resacas gordas, vaivén de espumas negras que nunca finaliza, se
hubiera dicho un barco cargado hasta las bordas con un gran contrabando
funeral de ceniza.
Y allí estaba, en el puerto, con su largo letargo, de
proa hacia el olvido, muriendo hacia el poniente. Y, sin embargo un día...Ah,
un día, sin embargo, Soplo un viento de rosas, maravillosamente.
Era
el sagrado soplo del amor que transfigura los seres y las cosas en el tiempo
sin fín y le dió un casco nuevo con nueva arboladura y nueve velas
blancas al viejo bergantín.
Y así fue que en la gloria de una alegre mañana, con
la proa hacia el sueño y el timón al azar, esta vez bajo el mando de gentil
capitana, el bergantín sombrío se echó de nuevo al mar.
Y así
acaba este cuento que es mas tuyo que mío, tu, que escuchas mi cuento
convertido en canción; tu, gentil capitana del bergantín sombrío, del
bergantín sombrío que era mi corazón.

Poema
del Amor Pequeño Fue breve aquélla noche.
Fue breve, pero bella. Poca cosa es el tiempo, que es también poca cosa, porque
nadie ha sabido lo que dura una estrella aunque todos sépamos lo que dura
una cosa. Nuestro amor de una noche fue un gran amor pequeño que rodó
por la sombra como un dado sin suerte, pero nadie ha sabido lo que dura un
ensueño aunque todos sepamos lo que dura la muerte.
Una noche es
eterna para el que no la olvida, y el tiempo nada importa para el sueño y la
flor, y, como nadie sabe lo que dura la vida, nadie sabe tampoco lo que
dura el amor.

El
Hijo del Ensueño ¡Un hijo! Tu sabes, tu
sientes que es eso: ver nacer la vida del fondo de un beso por un inefable
milagro de amor. Un beso que llene la cuna vacía y que ingenuamente nos
mire y sonría, ¡un beso hecho flor! ¡Un hijo! Un fragante, fuerte y
dulce lazo. Me parece verlo sobre tu regazo palpitando ya; y miro con
moverse con pueril empeño las pequeñas manos de nuestro pequeño, como
si quisieran sujetar un sueno que llega y se va. En el agua fresca de
nuestras ternuras mojara las alas de sus travesuras como una paloma que
aprende a volar. y será violento, loco y peregrino, y amará igualmente
la mujer y el vino y el cielo y el mar. Con la sed amarga de la
adolescencia beberá en la fuente turbia de la ciencia. ¡Mi tierno
cantor!
Ira por el mundo con su lira al hombro dejando un reguero de
rosas de asombro y aun áureo fulgor. Cruzara al galope la árida llanura pálido
de ensueño, loco de aventura y ebrio de ideal.
Y en su desvarío de
viajes remotos volverá algún día con los remos rotos, trayendo en los
labios un sabor de sal. Caminante absurdo, de caminos muertos pasará su
sombra sobre los desiertos en una infinita peregrinación, y su alucinada
pupila inconforme verá en su destino gravada una enorme interrogación.
Pero
será inútil su tenaz andanza persiguiendo un sueno que jamás se alcanza. Y
ha de ser así, pues no hallará nunca, como yo, la meta de todas sus ansías
de hombre y poeta, porque en las mujeres de su vida inquieta no hallará
ninguna parecida a tí. Que tu eres la rosa de una sola vida, la rosa que
nadie verá repetida porque al deshojarse secará el rosal. Y como en el
mundo ya no habrá esa rosa, el ira en su búsqueda infructuosa en pos de
una igual...
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