Manuel Acuña
Manuel Acuña -
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Misterio
Si
tu alma pura es un broche
que para abrirse a la vida
quiere la calma
adormecida
de las sombras de la noche;
Si buscas como un abrigo
lo
más tranquilo y espeso,
para que tu alma y tu beso
se encuentren sólo
conmigo;
Y si temiendo en tus huellas
testigos de tus amores,
no
quieres ver más que flores,
más que montañas y estrellas;
Yo sé
muchas grutas, y una
donde podrás en tu anhelo,
ver un pedazo de cielo
cuando
aparezca la luna.
Donde a tu tímido oído
no llegarán otros sones
que
las tranquilas canciones
de algún ruiseñor perdido.
Donde a tu mágico
acento
y estremecido y de hinojos,
veré abrirse ante mis ojos
los
mundos del sentimiento.
Y donde tu alma y la mía,
como una sola
estrechadas,
se adormirán embriagdas
de amor y melancolía.
Ven a
esta gruta y en ella
yo te daré mis desvelos,
hasta que se hunda en los
cielos
la luz de la última estrella.
Y antes que el ave temprana
su
alegre vuelo levante
y entre los álamos cante
la vuelta de la mañana.
Yo
te volveré al abrigo
de tu estancia encantadora,
donde el recuerdo de esa
hora
vendrás a soñar conmigo...
Mientras que yo en el exceso
de
la pasión que me inspiras
iré a soñar que me miras,
e iré a soñar que
te beso.![]()
Nada
Sobre Nada
Poesía leída en la
velada literaria
que celebró la Sociedad "El Porvenir"
la noche
del 3 de mayo de 1873.
Pues, señor, dije yo, ya que es preciso
puesto
que asi lo han dicho en el programa,
que rompa ya la bendecida prosa
que
preparado para el caso había,
y que escriba en vez de ella alguna cosa
asi,
que parezca poesía,
pongámonos al punto,
ya que es forzoso y
necesario, en obra,
sin preocuparnos mucho del asunto,
porque al fin el
asunto es lo que sobra.
Asi dije, y tomando
no el arpa ni la lira
que
la lira y el arpa
no pasan hoy de ser una mentira,
sino una pluma de ave
con
la que escribo yo generalmente
violenté las arrugas de mi frente
hasta
ponerla cejijunta y grave
y pensando en mi novia, en la adorada
por quien
suspiro y lloro sin sosiego,
mojé mi pluma en el tintero, y luego
puse
ocho letras: "A mi amada."
Su retrato, un retrato
firmado
por Valleto y compañía,
se alzaba junto a mi plácido y grato,
mostrándome
las gracias y recato
que tanto adonran a la amada mia;
y como el verlo sólo
basta
para que mi alma se emocione,
que Apolo me perdone
si, dije aqui que me
sentí un Apolo.
Ella no es una rosa
ni un ser ideal, ni cosa que lo
valga;
pero en verso o en prosa
no seré yo el estúpido que salga
con
que mi novia es fea,
cuando puedo decir que es muy hermosa
por más que ni
ella misma me lo crea;
asi es que en mi pintura
hecha en rasgos por cierto
no muy fieles,
aumenté de tal modo su hermosura
que casi resultaba una
figura
digna de ser pintada por Apeles.
Después de dibujarla como he
dicho,
faltando a la verdad por el capricho,
iba yo a colocar el fondo
negro
de su alma inexorable y desdeñosa,
cuando al hacerlo me ocurrió
una cosa
que hundió mi plan, y de lo cual me alegro;
porque, en último
caso,
como pensaba yo entre las paredes
de mi cuarto sombrío,
¿qué
les importa a ustedes
que mi amada me niegue sus mercedes,
ni que yo tenga
el corazón vacío?
Si mi vida vegeta en la tristeza
y el yugo del dolor
ya no soporta,
caeré de referirlo en la simpleza
para que alguien me diga
en su franqueza:
"si viera usted que a mi nada me importa?...!"
No,
de seguro, que antes
prefiero verme loco por tres días,
que imitar a ese
eterno Jeremías
que se llama el señor de Cervantes.
Y convencido de
esto,
ya que era conveniente y necesario,
borré el título puesto,
y
buscando a mi lira otro pretexto
escrbí este otro título: El Santuario.
¡El
santuario!... exclamé; pero y ¿qué cosa
puedo decir de nuevo sobre el
caso,
cuando en cada volumen de poesías,
en versos unos malos y otros
buenos,
sobre templos, santuarios y abadías?
Para entonar sobre esto mis
cantares,
a mas de que el asunto vale poco,
¿Qué entiendo yo de
claustros ni de altares,
ni que se yo de sacristán tampoco?
No, en la
naturaleza
hay asuntos mas dignos y mejores,
y mas llenos de encantos y de
belleza,
y que he de escribir, haré una pieza
que se llame: Los prados y
las flores.
Hablaré de la incauta mariposa
que en incesante y
atrevido vuelo,
ya abandona el cielo por la rosa;
ya abandona la rosa por
el cielo,
del insecto pintado y sorprendente
que de esconderse entre las
hierbas trata,
y de el ave inocente que lo mata,
lo cual prueba que no es
tan inocente;
hablaré... pero y luego que haya hablado
sacando a luz el
boquirrubio Febo,
me pregunto, señor, ¿que habre ganado,
si al hacerlo
no digo nada nuevo?...
Con que si esto tampoco es un asunto
digno de
preocuparme una sola hora,
dejemos sus inútiles detalles,
ya que no hay
ni un señor ni una señora
que no sepa muy bien lo que es la aurora
y lo
que son las flores y los valles...
Coloquemos a un lado estas materias
que
valen tan poco para el caso,
y pues esto se ofrece a cada paso
hablemos de
la vida y sus miserias.
Empezaré diciendo desde luego,
que no hay
virtud, creencias ni ilusiones;
que en criminal y estúpido sosiego
ya no
late la fe en los corazones;
que el hombre imbécil, a la gloria ciego,
sólo
piensa en el oro y los doblones,
y concluiré en estilo gemebundo:
¡Que
haya un cadáver mas que importa al mundo!
Y me puse a escribir, y asi en
efecto,
lo hice en ciento cincuenta octavas reales,
cuyo único defecto,
como
se ve por lo que dicho queda,
era que en vez de ser originales
no pasaba
de un plagio de Espronceda.
Como era fuerza, las rompí en el acto
desesperado
de mi triste suerte,
viendo por fin que en esto de poesía
no hay un solo
argumento ni una idea
que no peque de futil, o no sea
tan vieja como el
pan de cada día.
En situación tan triste
y estando la hora ya tan
avanzada,
¿que hago, dije yo, para salvarme
de este grave y horrible
compromiso,
cuando ningún asunto puede darme
ni siquiera un adarme
de
novedad, de encanto, o de un hechizo?
¿Hablaré de la guerra y de la gente
que
enardecida de las cumbres baja
desafiando al contrario frente a frente,
y
habre de convertirme en un valiente
yo que nunca he empuñado una navaja?
No,
señor, aunque estudio medicina
y pertenezco a esa importante clase
que no
hay pueblo y lugar en donde no pase
por ser la mas horrible y asesina,
aparte
de que en esto hay poco cierto,
como lo prueba y mucho la experiencia,
yo,
a lo menos hasta hoy, me hallo a cubierto
de que se alce la sombra de algún
muerto
a turbar la quietud de mi conciencia.
Sobre los libros santos,
se podría
con meditar y con plagiar un poco,
arreglar o escribir una poesía;
pero
ni esto es muy fácil en un día
ni para hablar sobre esto estoy tampoco;
porque
en fiestas como esta
donde el saber está en su templo,
salir con el
Diluvio, por ejemplo,
fuera casi querer aguar la fiesta;
y como yo no
quiero que se diga
que he venido a tal cosa,
ya que en mi numen
agotado me hallo
el asunto y el plan a que yo aspiro
rompo mi humilde cítara,
me callo,
y con perdón de ustedes me retiro.![]()
Un
Sueño
A Ch....
¿Quieres oir
un sueño?...
Pues anoche
ví la brisa fugaz de la espesura
que al
rozar con el broche
de un lirio que se alzaba en la pradera
grabó sobre
él un "beso",
perdiéndose después rauda y ligera
de la
enramada entre el follaje espeso.
Este es mi sueño todo,
y si entenderlo
quieres, niña bella,
une tus labios en los labios míos
y sabrás quién
es "él" y quien es "ella".![]()
Amor
¡Amar
a una mujer, sentir su aliento,
y escuchar a su lado
lo ducle y armonioso
de su acento;
tener su boca a nuestra boca unida
y su cuello en el nuestro
reclinado,
es el placer mas grato de la vida,
el goce mas profundo
que
puede disfrutarse sobre el mundo!
Porque el amor al hombre es tan preciso,
como
el agua a las flores,
como el querube ardiente al paraíso;
es el prisma
de mágicos colores
que transforma y convierte
las espinas en rosas,
y
que hace bella hasta la misma muerte
a pesar de sus formas espantosas.
Amando
a una mujer, olvida el hombre
hasta su misma esencia,
sus deberes mas
santos y su nombre;
no cambia por el cielo su existencia;
y con su afán y
su delirio, loco,
acaricia sonriendo su creencia,
y el mundo entero le
parece poco...
Quitadle al zenzontle la armonia,
y al águila su vuelo,
y
al iluminar espléndido del día
el azul pabellón del ancho cielo,
y el
mundo seguirá... Más la criatura,
del amor separada
morirá como muere
marchitada
la rosa blanca y pura
que el huracán feroz deja tronchada;
como
muere la nube y se deshace
en perlas cristalinas
cuando le hace falta un
sol que la sostenga
en la etérea región de las ondinas.
¡Amor es Dios!,
a su divino fiat
brotó la tierra con sus gayas flores
y sus selvas
pobladas
de abejas y de pájaros cantores,
y con sus blancas y espumosas
fuentes
y sus limpias cascadas
cayendo entre las rocas a torrentes;
brotó
sin canto ni armonía...
Hasta que el beso puro de Adán y Eva,
resonando
en el viento,
snseñó a las criaturas ese idioma,
ese acento magnífico y
sublime
con que suspira el cisne cuando canta
y la tórtola dulce cuando
gime,
¡Amor es Dios!, y la mujer la forma
en que encarna su espíritu
fecundo;
él es el astro y ella su reflejo,
él es el paraíso y ella el
mundo...
Y vivir es amar. Aquien no ha sentido
latir el corazxon dentro
del pecho
del amor al impulso,
no comprende las quejas de la brisa
que
vaga entre los lirios de la loma,
ni de la virgen casta la sonrisa
ni el
suspiro fugaz de la paloma.
¡Existir es amar! Quien no comprende
esa
emoción dulcisima y suave,
esa tierna fusión de dos criaturas
gimiendo
en un gemido,
en un goce gozando
y latiendo en unísono latido...
Quien
no comprende ese placer supremo,
purísimo y sonriente,
ese miente si dice
que ha vivido;
si dice que ha gozado, miente.
Y el amor no es el goce de
un instante
que en su lecho de seda
nos brinda la ramera palpitante;
no
es el deleite impuro
que hallamos al brillar una moneda
del cieno y de la
infamia entre lo oscuro;
no es la miel que provoca
y que deja, después
que la apuramos,
amargura en el alma y en la boca...
Pureza y armonía,
ángeles
bellos y hadas primorosas
en un Edén de luz y de poesía,
en un pensíl
de nardos y de rosas,
Todo es el amor.
Mundo en que nadie
llora o
suspira sin hallar un eco;
fanal de bienandanza
que hace que siempre ante
los ojos radie
la viva claridad de una esperanza.
El amor es la gloria,
la
corona esplendente
con que sueña el genio de alma grande
que pulsa el
arpa o el acero blande,
la virgen sonriente.
El Petrarca sin Laura,
no
fuera el vate del sentido canto
que hace brotar suspiros en el pecho
y
en la pupila llanto.
Y el Dante sin Beatriz no fuera el poeta
a veces
dulce y tierno,
y a veces grande, aterrador y ronco
como el cantor salido
del infierno...
Y es que el amor encierra
en su forma infinita
cuanto
de bello el universo habita,
cuanto existe de ideal sobre la tierra.
Amor
es Dios, el lazo que mantiene
en constante armonía
los seres mil de la
creación inmensa;
y la mujer la diosa,
la encarnación sublime y
sacrosanta
que la pradera con su olor inciensa
y que la orquesta del
Supremo canta,
¡Y salve, amor! emanación divina...
...¡Tu, mas blanca y
mas pura
que la luz de la estrella matutina!
¡Salve, soplo de Dios!...
Y
cuando mi alma
deje de ser un templo a la hermosura,
ven a arrancarme el
corazón del pecho
ven a abrir a mis pies la sepultura
Enero de 1869.![]()
Pobre
Flor
-¿Por que te miro así tan
abatida,
pobre flor?
¿En donde están las galas de tu vida
y el color?
Díme,
¿por que tan triste te consumes,
dulce bien?
¿Quién?, ¡el delirio
devorante y loco
de un amor,
que me fue consumiendo poco a poco
de
dolor!
Porque amando con toda la ternura
de la fe
a mi no quiso amarme
la criatura
que yo amé
Y por eso sin galas me marchito
triste aquí,
siempre
llorando en mi dolor maldito,
¡Siempre asi!
Habló la flor!...
Yo gemí...
era igual a la memoria
de mi amor.
Cabrío, febrero de 1969![]()
La
Ramera
A mi querido amigo Manuel Roa.
Humanidad
pigmea,
tu que proclamas la verdad y el Cristo,
mintiendo caridad en cada
idea:
tu que, de orgullo el corazón beodo,
por mirar a la altura
te
olvidas de que marchas sobre lodo:
tu que diciendo hermano,
escupes al
gintano y al mendigo
porque son un mendigo y un gitano:
Ahí está esa
mujer que gime y sufre
con el dolor inmenso con que gimen
los que cruzan
sin fe por la existencia;
escúpela tambien... ¡anda!... ¡no importa
que
tu hayas sido quien la hundió en el crimen
que tu hayas sido quien mató su
creencia!
¡Pobre mujer, que abandonada y sola
sobre el oscuro y negro
precipicio,
en lugar de una mano que la salve
siente una mano que la
impele al vicio;
y que al bajar en su redor los ojos
y a través de las
sombras que la ocultan
no encuentra mas que seres que la miran
y que
burlando su dolor la insultan...
Antes era una flor... una azucena
rica
de galas y de esencias rica,
llena de aromas y de encantos llena;
era una
flor hermosa
que envidiaban las aves y las flores,
y tan bella y tan pura
como
es pura la nieve del armiño,
como es pura la flor de los amores,
como es
puro el corazón del niño.
Las brisas le brindaban con sus besos,
y
con sus tibias perlas el rocío,
y el bosque con sus álamos espesos,
y
con su arena y su corriente el río;
y amada por las sombras en la noche,
y
amada por la luz en la mañana,
vegetaba magnífica y lozana,
tendiendo al
aire su purpúreo broche;
pero una vez el soplo del invierno
en su furia
maldita,
pasó sobre ella y le arrancó sus hojas,
pasó sobre ella y la
dejó marchita;
y al contemplar sin galas
su cálice antes de perfumes
lleno,
la arrebató impaciente entre sus alas
y fue a hundirla cadáver en
el cieno.
Filosofo mentido!...
¡Apóstol miserable de una idea
que
tu cerebro vil no ha comprendido!
Tu que la ves que gime y que solloza,
y
burlas su sollozo y su gemido...
¿Que hiciste de aquel ángel
que amoroso
y sonriente
formó de tu niñez el dulce encanto!
¿Que hiciste de aquel
ángel de otros días,
que lloraba contigo si llorabas
y gozaba contigo si
reías...?
¡Te acuerdas!... Lo arrancaste de la nube
donde flotaba
vaporoso y bello,
y arrojándola al hambre,
sin ver su angustia ni su amor
siquiera,
le convertiste de camelia en lodo:
le transformaste de ángel en
ramera!
¡Maldito tu que pasas
junto a las frescas rosas,
y que sus
galas sin piedad les quitas!
¡Maldito tu que sin piedad las hieres,
y
luego las insultas por marchitas!
¡Pobre mujer!... ¡Juguete miserable
de
su verdugo mismo!...
Víctima condenada
a vegetar sumida en un abismo
mas
negro que el abismo de la nada
y a no escuchar mas eco en sus dolores,
que
el eco de la horrible carcajada
con que el hombre le paga sus amores.
¡Pobre
mujer, a la que el hombre niega
el derecho sublime
de llamar hijo a su
hijo!
¡Pobre mujer que de rubor se cubre
cuando escucha que le grita
madre!
Y que quiere besarle, y se detiene,
porque sabe que un beso de sus
besos
se convierte en borrón donde lo imprime!
Deja ya de llorar,
pobre criatura,
que si del mundo en la escabrosa senda,
caminas entre
fango y amargura,
sin encontrar un ser que te comprenda,
en el cielo los
ángeles te miran,
te compadecen, te aman,
y lloran con el llanto
lastimero
que tus ojos bellísimos derraman.
¡Y que se burle el
hombre, y que se ría!
¡Y que te llame harapo y te desprecie!
Déjale tu
reír, y que te insulte,
Que ha de llegar el día
en que la gota
cristalina y pura
se desprenda del lodo
para elevarse nube hasta la
altura.
Y entonces en lugar de un anatema,
en lugar de un desprecio,
escucharás
al Cristo del Calvario,
que añadiendo tu pena
a tus lágrimas tristes en
abono
te dirá como ha tiempo a Magdalena:
Levantate, mujer, yo te
perdono.![]()
Lagrimas
Quum
subit illius tristissima noctis imago
quae mihi supremum tempus in urbe fuit;
quum
respeto noctem qui a tot mihi cara reliquie
labitur es oculis nuc quoque
gutta meis.![]()
Ovidio
Elegías 3
Aún era you muy niño,
cuando un día,
cogiendo mi cabeza entre sus manos
y llorando a la vez que
me veía
"¡Adiós! ¡Adiós!" me dijo;
"desde este
instante un horizonte nuevo
se presenta a tus ojos;
vas a buscar la fuente
donde
apagar la sed que te devora;
marcha... y cuando mañana
al mal que aún no
conoces
ofrezca de tu llanto las primicias,
ten valor y esperanza,
anima
el paso tardo,
y mientras llega de tu vuelta la hora,
ama un poco a tu
padre que te adora,
y ten valor y ... marcha... yo te aguardo".
Asi
me dijo, y confundiendo en uno
su sollozo y el mío,
me dio un beso en la
frente...
sus brazos me estrecharon...
y despues a los pálidos reflejos
del
sol que en el crepúsculo se hundía
sólo vi una ciudad que se perdía
con
mi cuna y mis padres a lo lejos.
El viento de la noche
saturado de
arrullos y de esencias,
soplaba en mi redor, tranquilo y dulce
como
aliento de niño;
tal vez llevando en sus ligeras alas
con la tibia
embriaguez de sus aromas,
el acento fugaz y enamorado
del silencioso beso
de mi madre
sobre el blanco lecho abandonado...
Las campanas distantes
repetían
el toque de oraciones... una estrella
apareció en el seno de
una nube;
tras de mi oscura huella
la inmensidad se alzaba...
y
haciendo estremecer el infinito
de mi dolor supremo con el grito;
"¡Adiós,
mi santo hogar", clamé llorando,
"¡Adiós, hogar bendito,!
en
cuyo seno viven los recuerdos
mas queridos de mi alma...
pedazo de ese
azul en donde anidan
mis ilusiones cándidas de niño...
¡Quién sabe
si mis ojos
no volveran a verte!...
¡Quien sabe si hoy te envío
el
adiós de la muerte!...
Mas si el destino rudo
ha de darme el morir bajo
tu techo,
si el ave de la selva
ha de plegar las alas en su nido,
¡guárdame
mi tesoro, hogar querido,
guárdame mi tesoro hasta que vuelva!"
Las
lágrimas brotaron
a mis hinchados párpados... las sombras
espesas y
agrupadas de repente
se abrieron de los astros a la huella...
cruzó una
luz por lo alto, alcé la frente,
el cielo era una página y en ella
ví
esta cifra -¡Detente!
Detente... y a mi oído
llegó como un arrullo de
paloma
la nota de un gemido;
algo como un suspiro de la noche
rompiendo
del silencio la honda calma;
algo como la queja
algo como el adiós con
que los muertos,
del amor al esfuerzo soberano,
saludan desde el fondo de
sus tumbas
al recuerdo lejano.
...........................................
Al
despertar de aquel supremo instante
de letargo sombrío
la noche de la
ausencia desplegaba
su impenetrable velo,
sus sombras sin estrellas,
su
atmósfera de hielo...
esa odiosa ceguez en que el ausente
proscrito del
cariño
cumple con su destierro, suspirando
por sus recuerdos vírgenes de
niño;
ese inmenso dolor que hace del alma
en el terrible y solitario
viaje,
un árido desierto
en donde es un miraje cada punto
y en donde
es un amor cada miraje...
Y asi de la ampolleta de mi vida
se
deslizaban las eternas horas
sobre mi frente mustia y abatida,
soñando al
extenderse en lontananza,
como una dulce estrofa desprendida
del arpa
celestial de la esperanza;
asi, cuando una vez, en el instante
en que la
blanca flor de mi delirio
desplegaba en los aires su capullo;
cuando mi
muerta fe se estremecía
bajo sus ropas fúnebres del duelo
al ver
flotando en el azul del cielo
el alma de mi hogar sobre la mía;
cuando
iba ya a sonar para mis ojos
la última hora de llanto,
y se cambiaba en música
de salve
la música elegíaca de mi canto;
mi corazón como la flor
marchita
que se abre a las sonrisas de la aurora
esperando la vida de sus
rayos
también se abrió... para plegar su broche,
y las caricias del amor
abierto,
encerrando en el fondo de su noche
las caricias de un muerto!...
En
el espacio blanco y encendido
por los trémulos rayos de la luna
yo vi
asomar su sombra...
La gasa del sepulcro lo envolvía
con sus espesos
pliegues...
En su frente espectral se dibujaba
una aureola de
angustia, lo que dijo
se perdió en la región donde flotaba...
su mano me
bendijo...
su pecho sollozaba...
La sombra se elevó como la niebla
que
en la mañana se alza de los campos;
cerró los ojos, supirando y luego...
oí
un adiós en la profunda calma
de aquella inmensidad muda y tranquila,
y
al levantar de nuevo la pupila
¡el cielo estaba negro como mi alma!
En
el reloj terrible
donde cada dolor marca su instante,
el destino
inflexible
señalaba la cifra palpitante
de aquella hora imposible;
hora
triste en que el íntimo santuario
de mis sueños de gloria,
vió su altar
solitario,
convertido su sol en tenebrario,
y su culto en memoria...
Hora
negra en que la urna consagrada
para envolverlo, ¡oh, padre!
del cariño
en la esencia perfumada,
fue un sepulcro sombrío
donde sólo dejaste tu
recuerdo
para hacer mas inmenso su vacío.
¡Padre... perdón porque
te amaba tanto,
que en el orgullo de mi amor creía
darte en el un escudo!
¡Perdón
porque luché contra la suerte,
y desprenderme de tus lazos pudo!
¡Perdón
porque a tu muerte
le arrebaté mis últimas caricias
y te dejé morir sin
que rompiendo
mi alma los densos nublos de la ausencia,
fuera a unirse en
un beso con la tuya
y a escuchar tu postrera confidencia!
Sobre la
blanca cuna en que de niño
me adurmieron los cantos de la noche,
el cielo
azul flotaba,
y siempre que mis párpados se abrían,
siempre hallé
en ese cielo dos estrellas
que al verme desde allí se sonreían;
mañana
que mis ojos
se alcen de nuevo hacia el espacio umbrío
que se mece
fugaz sobre mi cuna,
tu sabes, padre mío,
que sobre aquella cuna hay un
vacío,
de esas dos estrellas falta una.
Caiste... de los libros de la
noche
yo no tengo la ciencia ni la clave;
en la tumba en que duermes
yo
no se si el amor tiene cabida...
yo no se si el sepulcro
puede amar a la
vida;
pero en la densa oscuridad que envuelve
mi corazón para sufrir
cobarde,
yo se que existe el germen de una hoguera
que a tu memoria se
estremece y arde...
yo se que es el mas dulce de los nombres
el nombre que
te doy cuando te llamo,
y que en la religión de mis recuerdos
tu eres el
dios que amo.
Caíste de tu abismo empenetrable
la helada niebla
arroja
su negra proyección sobre mi frente,
crepúsculo que avanza
derramando
en el aire transparente,
las sombras de una noche sin oriente
y el capuz
de un dolor sin esperanza.
Padre... duérmete... mi alma estremecida
te
manda su cantar y sus adioses;
vuela hacia ti, y flotando
sobre la piedra
fúnebre que sella
tu huesa solitaria,
mi amor la enciende, y sobre ti,
sobre ella
en la noche sin fin de tu sepulcro
mi alma será una estrella.![]()
El
Reo a Muerte
Al eminente actor D. José
Valero
Esa noche, ardiendo el pueblo
de animacion y entusiasmo
bajo
el influjo sublime
de tu genio soberano,
todo era bravos y dianas,
todo
era vivas y aplausos,
todo cariño en los ojos
todo cariño en los
labios,
y todo flores, laureles,
admiración y ... entretanto,
allá
muy lejos, muy lejos,
sonando lento y pausado,
se alzaba entre las
tinieblas
y entre el silencio un cadalso,
sin otro eco que el latido
del
pecho del condenado
que en diálogo con la muerte
velaba en un
subterraneo.
aquel cadalso se alzaba
cada vez mas y mas alto,
como un
espectro, sombrío
como un vampiro, callado,
como una tumba implacable,
y
como un mosntruo, inhumano;
se alzaba y, sin que ninguno
oyera aquel ruido
amargo,
por los sollozos de un hombre
solamente acompañado,
la
humanidad impasible
bajo su mudo letargo,
miraba crecer y alzarse
las
formas de aquel cadalso,
cuando tu, tu que escuchaste
sus ecos tristes y
vagos
te levantaste por ella
con la voz del entusiasmo,
y en presencia
de aquel pueblo
y enfrente de aquel tablado
ceñida con tus laureles
la
hiciste hablar por tus labios,
salvando al sol de aquel día
del rubor de
aquel cadalso.
* * *
Aquel que es su desamparo,
y aun mas que
unos pocos días
y aun mas que unos pocos años
pudo gozar la dulzura
de
ver a su hijo en los brazos,
libre del infame nombre
de hijo del
ajusticiado;
pero yo que desde niño
aprendí lleno de espanto
a
aborrecer los verdugos
y a maldecir los cadalsos
dejo a la gloria que
entonces
para ensalzarte su canto,
y del condenado a muerte
bajo los
recuerdos gratos,
en nombre suyo, las gracias
de la humanidad te mando.
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